30 marzo 2009

UNA SUITE VACIA (Por: Magnolia Flores Tapia)


“Nice Dream” … donde se hacen tus sueños realidad; ese era el slogan de la agencia de diseño integral que Natalia junto con María su socia habían creado. La empresa tenía ya varios años, no había sido fácil llevarla hasta donde estaba pero todo había valido la pena. Realizaban todo tipo de diseño, gráfico, de muebles y hasta de imagen.
Aquella era una mañana de bastante trabajo para Natalia, pero su socia acababa de contratar a una chica, por una extraña razón ella le haría una entrevista, sería quien más trabajara con ella aunque María la hubiese contratado. La puerta de su oficina sonó – adelante –dijo Natalia y entró Andrea, era diseñadora gráfica, previamente había checado su portafolio y tenía cierta idea de qué era lo que esa chica hacía.
Natalia era una mujer bastante atractiva, su cabello era negro, largo y lacio, su tez era blanca y sus ojos grandes y profundamente negros siempre llamaban la atención. Su cuerpo era muy bien proporcionado, era delgada y con curvas bien marcadas pero nada exagerado, medía 1.70 y bastantes corazones había roto ya a lo largo de su vida, simplemente era inaccesible, y muchos decían que era tan fría como el hielo, más bien era selectiva y muy femenina, los pantalones y las faldas eran sus debilidades, sus colores el negro y el morado, simplemente la hacían lucir genial y eso sí, siempre con tacones y muy bien combinada de todo a todo.
Andrea a su vez era algunos años menor que Natalia, era delgada y de un físico no tan despampanante como el de su jefa, era delgada, de piel muy blanca y con algunas pecas en la cara, prefería los colores claros y la ropa relajada, aunque sí tenía que vestir formal sabía arreglarse bastante bien, su cabello era castaño claro casi rojizo y sus ojos eran azules, tenía una mirada muy tierna. Se maquillaba muy poco, sombras a juego con su ropa o con sus ojos y brillo labial, medía poco más de 1.65, su actitud era tranquila, relajada, pero jamás se dejó intimidar por su entrevistadora, a veces incluso su actitud era sutilmente retadora, dejó intrigada a Natalia.
Recorrieron la empresa y en menos de una semana las dos ya estaban trabajando en un proyecto bastante grande. Había bastante química entre ellas dos, se entendían en cuanto a ideas y en ritmo de trabajo. Cada vez estaban pasando más tiempo juntas y se estaba intensificando la confianza, había miradas de complicidad y si ellas no fueran chicas esa relación hubiera levantado algo de sospechas…. No se podía negar que entre ellas había chispas.
Y sucedió un par de días antes de la presentación final del proyecto en que trabajaban, naturalmente estaban trabajando más de la cuenta en detalles, ambas chicas estaban en la oficina de Natalia y fue una mirada… una mirada que se extendió, directa, sincera y de no haber sido por que un ruido las interrumpió, esa mirada hubiera mutado en un beso.
Ambas quedaron confundidas. Natalia desde adolescente tuvo claro que a ella no le gustaban los hombres, y aunque sintió por un tiempo que algo no estaba bien en ella lo aceptó pronto y siguió feliz consigo misma. Pero Andrea, ella era heterosexual, hasta estaba saliendo con alguien. Muchas cosas daban vueltas por la cabeza de Natalia, pero sobre todo le preocupaba qué era lo que estaría pasando por la mente de ella, ¿por qué le preocupaba tanto?... los pensamientos estresantes dieron paso a una fantasía… sí, la protagonista era Andrea.
Era casi increíble que una mujer como Natalia, con semejante belleza y el poder para tener en sus manos a cualquier hombre que quisiera no deseara a ninguno y a cambio viviera fantaseando con una chica menor que ella y heterosexual. Era una locura se decía a sí misma.
El proyecto fue aprobado, ahora a trabajar y solo restaba la presentación al público en una finca hotelera de bastante prestigio, todo un fin de semana. Había una suite para cada una de las chicas, pero ambas fueron solas.
Natalia se sentía abrumada, después de tanto trabajo y de saludar a tanta gente, así que fue al baño a refrescarse un poco y ahí se encontró a Andrea tratando de acomodar su vestido, un precioso vestido negro, atado al cuello y con un tremendo escote en la espalda…
- Por eso no me gustan mucho los vestidos, ¿me ayudas? – dijo Andrea –
- Claro. Te ves muy bien…
- Gracias. Tú siempre te ves muy bien – agregó Andrea mientras salía tras guiñarle el ojo y sonreírle pícaramente a Natalia
Un escalofrío recorrió de pies a cabeza el cuerpo de Natalia, tras salir del baño decidió explorar un poco el lugar, no quería ir a su habitación pero tampoco volver con la gente. Llegó a una terraza preciosa y para su sorpresa ahí estaba Andrea, ¿algo las unía o era una broma de mal gusto del destino? Estuvieron platicando un rato las dos chicas, cuando de pronto un silencio y una mirada ahora sin interrupciones si dio lugar a un beso, que sorprendentemente Andrea le correspondió a Natalia, pero después sin más solo se fue de ahí.
Natalia no podía quedarse así con esa incertidumbre, necesitaba hablar con Andrea, así que fue a su suite, tocó a la puerta y tras identificarse entro a la habitación según le indicó la otra chica, quien estaba como si nada… aún traía sus tacones y medias pero con una bata de baño mientras se acomodaba el cabello…
- Estaba a punto de darme un baño en la tina – dijo, y se soltó el cabello
- Entonces puedo hablar contigo mañana, no urge
- Prefiero que te quedes – en eso dejó caer su bata, dejando a la vista su linda y sexy ropa interior negra con unas medias igualmente negras con ligueros rojos. Después fue hacía los controles de la luz y la dejó muy tenue, subió a la cama y dijo – ¿te gusta?, puedes tomar lo que desees.
El vestido de Natalia cayó al suelo tras observar un poco la escena, tras unas suaves caricias fue directo a la boca de Andrea.
Esa noche una suite quedó vacía.

20 marzo 2009

OSCURO HECHIZO (Por: Blanca Dayane Castro)

Cuando se conocieron no pensaron que las cosas iban a seguir ese rumbo. Estaban mirándose en un café: quimeras en el mar con canto de sirena, una sonrisa cruzó el lugar y se correspondió con una invitación a la mesa, ella un poco tímida se sienta de lado, piden otro café y en voz alta dicen sus nombres. Sofía se sonroja al escuchar un piropo extraído de un poema: “poesía eres tú” y entonces la timidez se vuelve confianza, las manos se juntan, una mano baja a la falda de Sofía y sube por su entrepierna, al fondo la música de jazz acompaña el coqueteo y su corazón se acelera cuando le piden un beso: “un solo beso el corazón añora, que la dicha de dos me mataría”.
Entonces el lugar se torna pequeño, sienten las miradas de los clientes y el asombro de los meseros, pero el sol brilla en un tono dorado escuchando con esa voz recitar poesía para ella, se termina el café y los murmullos se hacen cada vez más evidentes así que deciden retirarse. Aprovechando ese sol de primavera se abrazan y al caminar Sofía siente una mano rodeando su cintura junto con una invitación
- Vamos a mi casa
Ella revisa su bolso, quisiera arreglarse su maquillaje pero ya no hay tiempo. Suben al carro, Sofía se anima y se coloca de lado, con una pierna arria del asiento dejando a la vista sus hermosas piernas y está tan apetecible que inmediatamente siente una mano en su piel blanca, su falda se levanta mientras le susurran al oído: “la vida se vuelve interminable siguiendo tu figura”, no esperan mas e intercambian un beso. Luego la velocidad del carro se hace evidente, esperando llegar al destino aunque no es fácil manejar con las piernas abiertas de Sofía dejando ver una tanga de encaje negro.
En el radio se escucha una canción, Sofía tiembla al ver que ya están muy cerca, bajan de la mano jugando con sus dedos, acercando sus cuerpos. Por fin están libres de miradas y murmullos. Los botones de la blusa de Sofía se desabrochan uno a uno, suspira al sentir una lengua en sus pechos y decide dejarse llevar. Su falda está en el suelo y la tanga baja lentamente por sus piernas y su cuerpo se quiebra cuando escucha decir: “quiero sentir la humedad de tu cuerpo de diosa” y entonces ya no le importa nada, ofrece su cuerpo, su mente, su voluntad.
Los cuerpos se confunden, se entrelazan provocando deseo… “tu olor me enciende, tu sudor me enloquece”.
Sofía besa su cuerpo, recorre con sus dedos los pliegues de su piel blanca y entonces se van los minutos, siente un mordisco en su oreja y una lengua que la recorre y ya no puede mas, busca llegar al final de este episodio, va marcando el ritmo con su cadera, en los vaivenes de placer mutuo, en los besos y en las manos…
Ha terminado la tarde gloriosamente, acompañada de un café Sofía le confiesa:
- Quiero verte de nuevo Verónica
Y así las dos salen a caminar por la calle, repartiendo deseo en miradas ajenas

La plaza de armas... 40 años despues (Jonathan Mata)

El teléfono sonó al cuarto para las nueve de la noche, dejé a la maquina que contestara como de costumbre, pero al oír su voz nerviosa preguntar mi nombre, tomé la bocina de inmediato, supe que era él, parecíamos dos colegiales indecisos en aquel instante. Su nombre era Franco y el mío Roberto, nos conocimos a los 27 años en la plaza de armas, que ahora tiene otro nombre. La llamada de Franco era para darme una noticia doblemente sorprendente, su esposa había muerto hacia 3 meses, insuficiencia renal; la verdad es que intenté portarme solemne, pero me fue difícil, 40 años de separación con el ser amado no son fáciles de olvidar, ni de perdonar, tenia que verlo aunque fuera inapropiado. Franco me dijo que necesitaba verme, me pregunto si tenia planes, le dije que no, la verdad es que no tenia planes desde hacia 40 años, solo esperando ese momento, quedamos de vernos en la antigua plaza de armas, en el sitio donde nos conocimos, 4 en punto de la tarde al día siguiente.

Llegué al cinco para las 3, no quería llegar tarde y perder esta oportunidad de revivir bellos instantes, pero al llegar él ya estaba ahí, mi corazón latió como el primer día, estaba de espaldas sentado en nuestra banca, claro que no era la misma, pero como si lo fuera, contemple su nuca por casi 25 minutos, quería tenerlo en mi mente así, tan cotidiano. Me acerque, y sin mirarlo me senté a su lado, el me tomó de la mano de inmediato y fue ahí cuando volvió a mi mente la escena donde nos amamos la primera vez. Como una escena de película, saqué a mi perro a pasear por la plaza, era un schnauzer de nombre “filemón”, lo hacíamos cada tercer día, y un miércoles justamente encontré a un gran amigo de la infancia, hablamos mucho tiempo y cuando menos lo pensé ya no estaba el perro, lo busque por todas partes, pero no hubo rastro de él.

La tarde siguiente fui a primera hora a la plaza a ver si tenia suerte, y ahí estaban, Franco y “filemón” sentados en la banca, corrí para abrazar a mi perro, mientras Franco me miraba con ternura, fue instantáneo, lo amé por primera vez por devolverme a mi compañía, luego por ser el mejor amante que haya existido, y al final por ser un caballero, y eso ha durado toda la vida. Lo invite a casa para cenar, 8 en punto de la noche tocaron a mi puerta, al abrir se abalanzó hacia mi besándome en los labios y estrujándome entre sus brazos, me tiró al suelo y me abofeteo, me dijo que era la persona a quien había esperado la vida entera, pero llegaba un mes antes de celebrar su boda, y su vida seria infeliz por el resto de sus días, se quito la camisa y me besó por horas, no fuimos mas allá de los besos y las caricias, fue el momento mas mágico de mi existencia.

Con el pasar de los años lloré noche a noche, esperando que tocara a mi puerta y me tratara como lo hizo aquel día, pero no sucedió, lo encontré a los 20 años de eso en un mercado de flores, era su aniversario de bodas y mi padre había muerto, vaya coincidencia fatal, pero le dejé mi numero telefónico para cuando el tiempo de invertir circunstancias nos llegara y ayer fue ese bello día, como quisiera que tuviéramos las fuerzas para repetir aquel instante, pero mas aun para no soltarle nunca mas la mano.

11 marzo 2009

De la metamorfosis Por Carlos Castro

Ocurrió cuando menos lo esperaba, aunque durante toda su vida había imaginado este instante. Al sentir la primera pulsación escupió una carcajada. El dolor inicio en el coxis y reptó, adhiriéndose con sus garras, a lo largo de la espina dorsal hasta llegar a la nuca. La separación inició justo en la zona del más alto chacra, obligándolo a doblarse.

La excitación y el dolor lo obligaron a liberar sus fauces. Los primeros chorros de sangre pintaron el vómito azul.

A pesar de la estimulación jamás dejo de reír.

Una zanja separó su hermoso rostro en dos hemisferios idénticos. Su tórax mutó en una pintura de Bacon, abierto cual cadáver de res en el congelador de un supermercado. Sus viseras flotaron fuera del tronco y se inflaron hasta reventar, pintando las paredes con su ADN. En ese instante dejó de reír. En ese instante dejó de estar.

Su madre encontró su piel.

Parecías una cáscara de naranja, le contó tras revivirlo.

Entró a su habitación cargando una bolsa con piedras, con las que rellenó su cascarón. Unió sus hemisferios con hilo de oro. Y tras un ejercicio de resucitación, el cual no se me permite contar, volvió a la vida.

Él sobre el regazo de ella. Ella sosteniendo su cabeza, lo recibió con la siguiente línea: Estas curado, hijo. Bienvenido.

10 marzo 2009

GEA (Por: Héctor De Anda)


Las mujeres son un delirio que hay que disfrutar cada que se tenga oportunidad.
Acarícialas, tócalas, llévalas del brazo, huélelas lo más que puedas, mírales sus formas siempre que exista el descuido de su parte.
Deja que su voz te hipnotice mientras las horas se hagan cargo del mensaje.
Cuando estés con una mujer frente a frente, mírate reflejado en sus ojos para ver lo bien que te hacen.
Róbales la nariz con el pulgar como pretexto para pasear el índice por sus labios, sorpréndete de su dentadura justo después de una extracción de muelas.
Cúmpleles el desdén de caminar por el lado del muro, ayúdalas a saltar las piedras, recárgalas en tu brazo, cierra sus ojos y jueguen al lazarillo.
Nada se asemeja a reír junto a ellas en un templo.
Respira su aliento cuando te hablen de frente, compara sus diminutas manos con las tuyas.
Que siempre te toquen el cabello
Que nunca te falte quién te toque el cabello
Por que nunca sabemos el espontáneo momento en el que ellas
Partirán.

SU VOCACIÓN (Por: Magnolia Flores Tapia)


Manuel tenía 19 años, hacía casi un año que había terminado la preparatoria. Durante su estancia en la prepa no fe de los más destacados estudiantes, pero tampoco tuvo malas calificaciones, incluso, tenía muchos talentos, pero fue siempre por su compañerismo y lealtad por lo que destaco… “es un chico muy humano” - eso decían sus profesores.
La escuela termino y aún no sabía a qué dedicar su vida, muchos de sus amigos ya estaban en la universidad e intentando trazar sus destinos y el… ¡nada!. Era raro sentir que vivía sin ninguna pasión por algo, era como ser una sombra en esa inmensidad tan relativa de cada ciudad.
Una mañana despertó antes de lo normal y en realidad no había podido dormir muy bien en toda la noche, decidió arreglarse e ir a pasear en lugar de intentar dormir de nuevo… la mañana era rara, la sintió rara desde el momento en que abrió los ojos.
Mientras caminaba mil cosas pasaban por su cabeza… una de ellas; su vocación. No podía evitar sentir que estaba dejando pasar el tiempo sin sentido alguno, se le iba de las manos con la facilidad del agua. En ese momento hubo un extraño silencio que lo hizo levantar la cabeza, y después un caos… una niña cruzaba la calle y al mismo tiempo un autobús iba circulando, no podía frenar, cuando la pequeña se percató de lo que pasaba no pudo reaccionar, se quedó en shock, pero fue Manuel quien sin pensarlo dos veces corrió y en apenas segundos… preciados, ya estaba del otro lado de la acera, la niña de unos 10 años cuando mucho comenzó a llorar y la madre distraída a penas podía creer lo que había sucedido, ni siquiera Manuel podía creerlo, nadie hubiera reaccionado así, todos estaban solo esperando el amargo desenlace y en tan solo segundos él pudo actuar.
Él solo espero a que la madre llegara a donde él estaba, entregó a la nena y se fue aún un poco sonrojado por las felicitaciones de los demás espectadores. Algunas voces entre esa pequeña multitud que presencio todo le llamaban héroe pero él no se sentía así, a penas podía recordar qué pasó por su mente cuando todo eso pasó, solo podía recordar flashazos de realidad como las típicas escenas de esas películas de acción.
Minutos más tarde y a unas cuadras de distancia todo parecía ser de nuevo normal, el ajetreo común, el ruido normal… ya nadie sabía lo que él había hecho, tal vez al día siguiente ya nadie lo recordaría pero él… él había encontrado su vocación.

Me llaman Bernardo (Jonathan Mata)

Las cosas no andan bien últimamente, no me quiero engañar mas, ha habido una serie de cambios diarios que me están desgastando bastante y a nadie mas parecen importarles, es mas, siento que se están burlando de mi. El viernes de la semana pasada necesitaba comprar pasta dental y una barra de jabón, fui a la farmacia como de costumbre, pero al entrar había un olor nauseabundo, apestaba a pescado, todo estaba lleno de mariscos en la farmacia, camine hacia la caja y le pedí al encargado la pasta y el jabón, él me miró y me dijo – Aquí no vendemos eso Bernardo, esta es una pescadería ¿recuerdas?-, pero yo no me llamo Bernardo y eso no era una pescadería, era una farmacia, lo juro, pero a fin de cuentas las cosas estaban cambiando y no le di demasiada importancia.

Después del incidente en la farmacia llegué a la casa y me di un baño, necesitaba despejar mi mente, pero al ir al cajón de la ropa no había ropa de mujer, todas las prendas eran para hombre, de repente pensé que ni siquiera esa era mi casa, pero si era, la reconocí por el olor. Me puse la ropa de hombre y tome dinero para ir a comprar ropa apropiada, tenia ganas de usar un vestido corto. Al ir por la calle me sentía extraña, debía ser raro para todos ver a una chica vestida de hombre, así que me di prisa para llegar a la tienda de moda en el centro, temía que al entrar no fuera una tienda de ropa sino una juguetería o una fabrica de algo, pero en efecto era una tienda de ropa, entré y tomé un lindo vestido azul pastel y me lo probé, le dije a la encargada que me diera su opinión, ella se quedo atónita y se dio la media vuelta, Oh por Dios me veía gorda!, había ido a esconderse para reírse de mi, pero no importaba, y decidí llevármelo puesto, pero al llegar a la caja para pagar, dos hombres grandes vestidos de blanco entraron a la tienda, me tomaron de los brazos y me sacaron del lugar, me subieron a una camioneta y me trajeron hasta aquí. Ellos me llaman Bernardo, pero están equivocados, creo que están buscando a otra persona.

NOVEDAD RUTINARIA (Por: Blanca Dayane Castro)


Cada 20 pasos se detiene y observa el paisaje, si hay flores le gusta percibir su aroma, de vez en cuando le gusta juntar una piedra que se encuentre en su camino, la cual pasa a ser parte de la escultura que va formando en su casa.
En su casa cuando le llega el aburrimiento deja caer un plato desde la mesa y observa la forma que en el suelo van formando los añicos. Hace mucho que no usa reloj pues no le gusta sentir la presión del tiempo en su vida; hay días que quema papel solo por el placer de ver el fuego y sus tonalidades que van desde el azul hasta el naranja.
El naranja le recuérdalos atardeceres que busca, le gusta que en el cielo haya nubes para encontrarles formas, aunque a veces se deprime por ver morir el día, sin embargo, su ánimo sube al descubrir la primera estrella de la noche.
La noche es toda una aventura, su diversión a veces consiste en cambiar a los grillos de un arbusto a otro, comprar un pan diferente cada día para tomarlo con leche, hay momentos que le gusta correr impetuosamente a lo largo del parque.
El parque tiene mangueras las cuales utiliza para darse un baño a medio día, hace maromas en el césped, un día juntó hojas secas y formó una montaña… toma vuelo y se deja caer sobre ellas, siente la textura y el crujir del otoño en su cuerpo.
Su cuerpo ha sufrido varias transformaciones, tiene una colección de sombreros y gorras que utiliza según su ánimo, es cliente de los tatuajes temporales y su cabello se ha teñido de todos los colores del arcoíris.
El arcoíris es una sorpresa que toma con filosofía, tiene fotos de cuando ha aparecido entre los edificios de su cuidad. Su cuidad es la vida, la vida es algo nuevo cada día, cada día en cada instante que se convierte en una oportunidad, oportunidad de hacer algo fuera de la rutina, rutina que es lo que menos quiere en su vida y por eso busca grillos, maromas y canciones, por eso te busca a ti, lector de instantes de vida.

02 marzo 2009

Mensaje de Samsa

Juramento:

Me he contagiado y es tu culpa. Me has hecho enfermar. Te detesto. Me he convertido en ti y por ello me detesto.

Unos colmillos trituran un cráneo. Ojos en el piso, a cinco metros de separación uno del otro, observan al cerebro imitar una babosa. Se escurre por el muro dejando vida en forma de baba. Dejando memorias que se mezclan con el concreto.

Tengo una obsesión. Una obsesión contra ti. Una obsesión contra mí. Una obsesión a favor de mi alma. A favor de lo que queda de ella.

Somos cómplices. Porque te dejé entrar y me tomaste rehén. Me doblé a voluntad. Hipnotizado fui… hipnotizado soy.

Seductoras notas me transformaron en su intérprete.

Y una mañana noté mi metamorfosis. Aquella mañana bramé. Aquella mañana tomé un hacha y me partí en dos, desde la frente disloque el coxis.

El cadáver reposó en el piso y de los órganos, sangre y excremento creció otra forma de vida. Una nueva forma de vida con una obsesión.

Te he de aplastar. Te miraré como quien mira a un insecto, sometido a la falsedad de la superioridad.

Te destruiré, tomaré tu lugar y destruiré tu legado. El mañana olvidará tu existencia. Mañana serás nada.

Las cadenas se convierten en polvo.

Pasado mañana, cuando mis hijos imaginen, tomaré el mismo rifle que dislocara tu mandíbula y evaporizara tu nuca y haré lo mismo con mi cuerpo. Así aseguraré su libertad. Porque en mi juramento solo he desperdiciado palabras. Porque merece más.

El universo tiene una obsesión: La justicia.

01 marzo 2009

CUANDO NO ES SUFICIENTE (Por: Blanca Dayane Castro)

Te has aprendido su rutina de memoria, tienes programadas sus actividades en tu reloj con alarma para cada una de ellas. Antes del trabajo compra un café que has aprendido a saborear, sabes muy bien los descansos que se toma a lo largo del día y lo que compra a la hora de la comida y en qué supermercado abastece su despensa.
Cada noche luchas contra los impulsos de marcarle al celular para decirle que no puedes más y que haga menos tu soledad. A diario tus sueños te traicionan y visualizas una pradera donde están felices besándose, caminando de la mano hasta el horizonte.
Casi mueres de angustia cuando faltó al trabajo, todas las enfermedades del mundo cruzaron por tu mente… dabas vuelta por los pasillos tratando de calmarte. Entras a su oficina y te sientas en la silla de su escritorio, pasas las manos por la mesa, por el teclado pensando en sus manos escribiendo; tomas el vaso donde toma agua, lo recorres con tu lengua religiosamente, prendes la computadora para leer sus archivos mientras lamentas no saber la clave de su correo electrónico.
El fin de semana fuiste a buscar el perfume que usa, pediste una muestra y la guardaste en un lugar seguro, ves la marca de ropa que usa, compras las galletas con las que acompaña su café y por fin el lunes aparece de nuevo en tu vida, con esa sonrisa cautivadora. Sacas valor y le preguntas cómo sigue:
- Muchas gracias por preguntar. Pero no se quién eres tu ¿cuál es tu nombre?

EL PIANO (Por: Magnolia Flores Tapia)


Liliana abrió la puerta de la casa, justo al entrar su mirada se topo con un charco de sangre, la misma que rodeaba y goteaba desde el piano sobre el cual yacía Daniel, totalmente frío y pálido, ya no había más que hacer. Solo despedirse y tratar de alejar ese sentimiento de decepción y soledad. El reloj ya no marcaba más ese tic tac que tanto le molestaba a ella, pareció haberse detenido en el momento justo en que él dejó de respirar. Tan solo 27 años tenía cuando perdió la vida.
Daniel fue hijo único de un matrimonio que siempre anhelo un hijo y que después de tantos intentos y tratamientos por concebir lo tuvieron a él, fue como un milagro, más amado y esperado no pudo haber sido. Su padre al fin tendría un hijo a quien poder enseñarle y quien siguiera sus pasos, su madre simplemente lo protegía… lo sobreprotegía.
Su posición económica era bastante holgada, no tenían una gran fortuna pero tampoco les hacía falta nada y vivían bastante tranquilos, su padre era arquitecto y su madre trabajaba en casa, diseñaba joyería. Desde siempre más por herencia que por gusto o habilidad propia habían tenido un piano, y aunque solían darle mantenimiento tenía mucho tiempo sin haber sido tocado por alguien hasta que Daniel lo descubrió, lo tocó y se enamoró del sonido, de la sensación y de todo lo que implicaba.
Suplicó días y noches hasta que sus padrea accedieron a que tomara cursos para aprender a tocarlo, su padre nunca estuvo totalmente de acuerdo pero su madre siempre intercedía por él. Tenía 13 años cuando le ofrecieron una beca para estudiar en el extranjero, la escuela la haría a la par, pero su carrera sería la música. Su padre se enojo bastante, jamás vio a la música como una profesión, siempre quiso que su hijo fuera arquitecto y su madre se entristeció pero como siempre lo apoyo. Daniel se fue del país.
Poco tiempo después de que él se fue del país sus padres pelearon cada vez más hasta que no soportaron, quizá, lo único que los mantenía juntos era ese deseo casi obsesivo de tener un hijo, de comprobar que no era cierto lo que los doctores les decían.
A pesar de los múltiples problemas familiares el buen éxito llegó para Daniel, tenía un talento sin igual, prodigio, era poco para él, pero siempre añoró volver a tocar ese piano viejo de la casa de sus padres, fue ahí donde descubrió el amor por la música y fue ese refugio ante los problemas.
No pudo evitar que esa idea de volver a tocar su piano, tenía que viajar inmediatamente y así lo hizo, volvió, pero nada fue tan grato como lo esperaba, sus padres parecían haber envejecido tan rápidamente, su vida se había roto tras aparecer y desaparecer eso que tanto anhelaban. Y el piano, como todo lo que juntos habían logrado fue vendido. Nada se sabía de su paradero, él tenía que encontrarlo a como diera lugar.
Su madre murió tras un periodo de depresión y enfermedad, el duelo de Daniel le hizo olvidarse de todo, y la culpa lo invadía, de su padre no sabía nada y él solo le daba vueltas a la idea de que por él su madre había enfermado y muerto, la única persona que de verdad lo había amado. No sabría decir qué fue lo que lo impulsó de nuevo a salir adelante y aún más a buscar ese piano, amor primero, para refugiarse en los sonidos de alguna espontanea melodía.
Busco día y noche, por diversos lugares y con distintas personas, hasta que casi cuando estaba dando por perdida esa lucha lo vio, en una escuela de ballet, a través de una puerta que lo enmarcaba a lo lejos, sabía que era el mismo. Sin desaprovechar la oportunidad obtuvo de nuevo su piano a cambio de otro, totalmente nuevo. Y al mismo tiempo se encontró con los únicos ojos que habían sido capaces de sacudir su mundo, esos ojos eran de Liliana.
Ella entró a su vida en un buen momento y lo mismo se podría decir de él para la vida de ella, quien era una excelente bailarina de ballet, menor que él y a quien sus padres siempre habían tratado de evitar que hiciera de eso su profesión. Cafés, caminatas, pláticas, besos, enamoramiento y el amor los tuvieron dentro de poco tiempo viviendo juntos. Todo parecía ser bueno para ellos, ella se preparaba más que nunca para una audición, si todo salía bien sería una solista de una importante compañía de ballet. Él trabajaba en unas melodías para un disco de su total autoría.
La soledad no existía en sus corazones, la dulzura era la constante y la armonía mantenía todo en su lugar, hasta que otro evento sacudió la vida de Daniel y provocó otras situaciones en cadena. Su padre estaba enfermo, después de no haber sabido nada de él volvió a verlo postrado en una cama, demasiado enfermo, casi agonizante, y lejos de recibirlo bien se limitó a decir - ¿hijo?, yo no tengo ningún hijo. Las lagrimas volvieron a los ojos de Daniel y fue un shock para él ver a su padre que siempre había sido un hombre fuerte, tan débil. Meses después su padre murió, pero él solo estuvo en el sepelio a lo lejos enterándose de que había tenido otra joven familia.
Las lagrimas y el dolor volvieron a Daniel, ya no tenía familia, ¿había sido culpa suya la decadencia y muerte de sus padres?. Liliana a la par era lo único que lo alegraba, siempre tan dulce… tan dulce y enamorada de él, solo él podía opacar la pasión por el Ballet, tanto que cuando consiguió el contrato como solista dudó en aceptarlo. Cuando él se enteró volvió a sentirse vacio, culpable, deprimido y desesperado, algo tenía que hacer, no quería cargar con la culpa de haber destruido otra vida.
Ya había tomado una decisión, y esa mañana cuando Liliana salió él parecia más alegre que de costumbre, la besó como nunca y se puso a tocar el piano como normalmente lo hacía pero nada iba a ser normal ese día. Justo una noche antes había terminado todas las canciones para su disco, siendo la última melodía una totalmente dedicada a ella, y esa fue la última melodía que tocó. No quería terminar con los sueños de otra persona tan amada, quería sentirse a salvo alejándose de este mundo mientras tocaba en su piano la melodía más hermosa que compuso.
Liliana supo comprender después de tantas interrogantes, después de tanto dolor y tantas lágrimas, alejó su idea del egoísmo, alejó su egoísmo propio y guardó a su gran amor en su corazón. Se encargó del disco de Daniel y se fue del país como solista de una gran compañía de ballet viajando siempre con el piano y poniendo siempre una rosa sobre él.

El pastel mas rico del mundo (Jonathan Mata)

Toda mi infancia la dediqué a buscar el pastel más rico del mundo, y cuando por fin lo encontré algo raro sucedió.

Si yo hubiera muerto en 1976, mi tumba tendría una inscripción que diría “Niño glotón e insatisfecho”, pero hubiese sido terrible morir con solo 9 años, por lo que si muriera mañana en mi tumba estaría escrito “El hombre mas gordo y feliz del mundo”, así es, la vida nos asigna distintos personajes a lo largo del tiempo. Un día, cuando era niño, vi un comercial en la televisión que anunciaba “El pastel más rico del mundo”, le pedí toda la tarde a mi madre que me llevara a la pastelería “Arcoiris” para poder corroborar lo dicho en el anuncio, y después de recibir un par de palmadas en la cabeza por parte de mi padre, fuimos a probarlo.

Yo iba en la parte trasera del auto mirando por la ventana, tuve una extraña fantasía, imaginé que todo en la calle era de pastel, tal vez era un lapsus esquizofrénico o simplemente deseaba probar el ya mencionado pastel del anuncio. Me bajé del auto antes que todos y corrí al aparador para presenciarlo, era grande, cremoso y de chocolate, tenia una cubierta de crema batida con fresas brillantes arriba, entré a la tienda y el encargado me recibió con una sonrisa de oreja a oreja, supuse que estaba acostumbrado a ver llegar niños obesos, hambrientos y ansiosos dispuestos a entregarle su dinero a cambio de unos instantes de satisfacción, mi padre llegó de inmediato corriendo tras de mi, como si fuera yo un loco que se había escapado del manicomio, pero eso no importó, me sirvió una rebanada y de inmediato la tomé como si fuera la única en el mundo, la mordí ferozmente, pero para mi sorpresa el pastel estaba reseco y en realidad no tenia un sabor muy particular, era cualquier otro pastel de chocolate. Mi padre me miró fijamente y le dije que era un fraude, que no era el pastel mas rico del mundo, regresé al auto triste y durante el resto del día me pregunté, ¿Si no es ese, entonces cual es el pastel mas rico del mundo?

La idea rondó por mi mente durante muchas semanas, pero después de una ardua búsqueda me rendí, pensé que tal vez estaría en Francia o Nueva York el tan anhelado postre, y decidí que era mejor dejarlo hasta que el destino lo trajera a mí. No recuerdo exactamente el tiempo que pasó desde aquel día en la pastelería hasta el gran momento.

Visitábamos a la abuela no muy seguido, por varias razones, la primera era que para llegar a su casa había que pasar por 2 horas y media de tren, otra hora en autobús y unos 3 kilómetros andando, mi padre decía que se había mudado a ese pueblo precisamente para evitar que la visitásemos, y la segunda razón era porque ella era un poco sorda, por lo que era toda una odisea mantener una charla con ella sin perder el hilo. Aquella visita fue especial, yo tenia casi 11 años ya, y mi padre amenazaba con enviarme a un campamento para gordos en verano, llegué absolutamente deprimido y abracé a la abuela como si fuera un gran trozo de pastel. Me senté a pensar en mi obesidad temprana en el porche de la casa, cuando de pronto mi abuela llegó con una rebanada de pastel de chocolate, en realidad me dio un poco de pena rechazarla y lo tomé, sabia que no debía comer mas golosinas porque eso me destinaría a pasar el verano comiendo verdura cocida y jugando con niños infelices como yo, pero tomé la decisión correcta, era fantástico, había algo mágico en ese pastel, era como morder una nube de chocolate, no tenia comparación, ahora mismo diría que fue casi sexual.

Pasé todo el fin de semana comiendo pastel, sin importarme que mi sorda abuela cocinara sin parar, era un placer de la vida exclusivo para mí y no dejaría que su vejez se interpusiera en mi placer. Regresamos a casa y no podía pensar en otra cosa que aquel regalo divino de la repostería, sin importar el tren, el autobús y la larga caminata tenia que volver el fin de semana próximo. La semana pasó muy rápido y mi padre me llevó a la estación de tren, me puso en el cuello una medalla como de perro, con todos los datos útiles por si me perdía y me recordó que no comiera en exceso o el campamento me esperaría, no importaba en lo absoluto su indicación, el camino se pasó rápido, caminé como nunca lo había hecho, rápido y sin cansancio, era como caminar sobre pastel de chocolate, y a lo lejos, al ver la casa de mi abuela asomándose, todo fue felicidad, corrí hasta la puerta sin importar mi lentitud, pero al llegar a la casa nadie atendió, pensé que no debía escucharme por su sordera, pero lamentablemente no fue así, me asome hacia adentro y mi abuela estaba sentada inmóvil en la mecedora, estaba muerta.

De inmediato llamé a mi padre para avisarle la terrible nueva, me dijo que esperara por él, estuve casi cuatro horas y media pensando en mi abuela mientras aguardaba por mi padre, me pareció injusto en aquel momento que se hubiera ido sin dejarme probar todo lo que sus gloriosas manos preparaban, estaba molesto con la vida en realidad, pero ahora comprendo que mi abuela se estaba despidiendo de mi, me había dejado marcado de por vida con ese exquisito sabor en la boca, ese sabor que no puedo, ni quiero quitarme.

El pastel de mi abuela era único, y tal vez fui ingenuo por intentar buscar un sabor idéntico al de ese pastel durante los siguientes años, pero ¿que puede igualar el abrazo de una abuela? creo que nada, y ese pastel era un abrazo de ella, algo que era especialmente para mí, que solamente yo atesoro. Quizás mi abuela murió sin saber lo que significo para todos nosotros, sin saber lo que su simple presencia en este mundo era capaz de hacer, sin saber lo buena que era en la repostería, e incluso sin saber lo mas importante, que me hizo el mejor regalo que se le puede dar a un nieto, lo que siempre quise, me regaló el pastel más rico del mundo.

20 febrero 2009

Rocamadour (Por: Héctor De Anda)

El lugar comenzaba a llenarse y eran las mejores horas para estar ahí, llegaban todo tipo de personas con personalidades distintas; variedad de ancianos, parejas, hombres obesos y delgados, jóvenes y hasta grupos de señoras que se juntaban después de jugar bingo.
-Es impresionante la cantidad de personajes que te puedes encontrar en este tipo de lugares-. Dijo Rocamadour.
-En efecto, por eso me encanta, venimos a formar parte de esta enorme sopa tarótica eneagramática, en la que sin darnos cuenta nos cocinamos a diario.-
-Y pensar que, como tú dices, nos cocinamos pero junto a individuos inconcientes, estúpidos y algunos hasta siniestros y malignos-. Respondió.
-Eso es preciso Rocamadour, precisamente por eso incluyo la visión tarótica en esto. Uno debe de aprender a mirar todo como una unidad y en el tarot así sucede, pues es un gran libro que se complementa carta por carta. Toda la arcana mayor, esta complementada carta por carta a manera de duplas, estas duplas tienen un orden muy particular. Imagina que te encuentras en la carta número 12 que es la del Colgado y ahí mismo se encuentra la carta número 11 que es la de la Fuerza. Ambas se explican una a la otra, el Colgado vendría siendo el sacrificio que uno debe realizar para así obtener la Fuerza, y si comienzas por ellas y te vas hacia atrás y hacia delante cada carta posterior y anterior se explicarán a su vez. La 10 que es la rueda, con la 13 que es el arcano sin nombre, muchos piensan que es la muerte, pero no es así, simplemente es el arcano sin nombre. La 9 que es el ermitaño, con la 14 que es la templanza y así sucesivamente. A lo que me refiero es a lo siguiente, vivimos en un mundo dialéctico; todo el tiempo la gente se encuentra en una tesis o en una antitesis, pero muy pocos llegan a la síntesis. Estamos rodeados de personas diferentes, como dices algunas siniestras y malvadas, pero precisamente se trata de eso, se trata de encontrar esa síntesis de vida que existe a nuestro alrededor. Leí en un libro que explica muy detalladamente las cartas, la explicación del arcano 15, el diablo, que naturalmente venía con un doble sentido. Él se proclama a si mismo como un invento que el hombre engendró únicamente para justificar sus actos malos, pero sin embargo, al mismo tiempo también se nombra a mismo el rey de la mentira, ¿esto que quiere decir? Pues que mienten sus palabras cuando dice que es una simple creación del hombre. Decía Baudelaire, que la más fina y bella astucia del diablo, es hacernos creer que no existe. A lo que quiero llegar es que el mismo diablo nos da la clave de no seguirle, él mismo nos dice que no existe siendo nomás un invento de nosotros para justificarnos. Es triste pensar en dos cuestiones, la primera que aunque esto suceda, aunque el nos advierta de su malicia, ¿por qué muchos le siguen? y la otra es, ¿Por qué nos advierte? ¿Habrá algo de bueno en él que le haga advertirnos su plan desde el comienzo? Precisamente sí, por que el diablo también juega ese rol dialéctico y precisamente él se encuentra en la antítesis de todo esto. Recordemos que el no es mas que una creación divina, corrompida por la soberbia, pero, cuando uno llega a ser conciente de esto, puede devolverle esa cuestión divina, puede llegar a la síntesis de Dios y del diablo, de luz y oscuridad, ¿te das cuenta? Nombras uno y sin poder evitarlo ya estás nombrando al otro, es por eso que con esa síntesis, con esa disolución de ambas partes, se puede llegar a una unidad pura, a un estado único donde las dualidades se convierten en un solo ser, en una sola conciencia, en un solo y potente espíritu. Es lo que debemos de hacer nosotros, encontrar ese equilibrio armónico, esa espiral.-
Rocamadour me escuchó muy atentamente a todo lo que dije, yo sabía que tenía opiniones y no tardó en decirlas.
-Hablando de personas malvadas, como Crowley, que era satánico y adorador del oscuro, te diré: quizás lo siguen, pero puede ser que realmente comprenden el significado y entienden las metáforas de las mentíras.-
Le interrumpí inmediatamente. –Yo en lo personal no creo que Crowley haya descubierto nada, pretendía ser un mago negro, un oscuro, pero jamás lo logró plenamente, o caóticamente, mejor dicho. Sus últimas palabras fueron “a veces me odio tanto a mi mismo”, ese argumento no es de alguien que haya alcanzado un nivel de conciencia real.-
Rocamadour en seguida respondió a lo que dije.
-Posiblemente, estoy de acuerdo contigo, pero para los que quizás lo logren, su situación no este muy alejada de la verdad, quizás una verdad velada y oscura, pero verdad al fin. Muchos ateos y satánicos en la cumbre de sus creencias oscuras, inexplicablemente cambian su postura y se proclaman cristianos devotos o seres que desean obtener la luz. Lo que quiero decir es que los caminos del pensamiento y de la búsqueda de Dios y la verdad son como ríos que conducen a un mismo mar inmenso y luminoso.-
Pensé por unos segundos lo que me había dicho y concordamos.
-Tienes razón, el hombre debe de pasar por todas esas experiencias, debe sufrir para alcanzar la verdad, esto podríamos relacionarlo al Colgado que la ha visto.-
-Que sufre y que al final posiblemente muera, pero libre.- dijo.
-Exactamente.- le respondí.
Rocamadour apagó el cigarrillo y terminó el tema.
-La verdad nos hará libres.-

Del mañana y El Diablo (por Carlos Castro)

Llegué a las faldas de la prisión El Diablo horas después de que estallara la revuelta civil. Ya habían caído las cabezas de varios falsos líderes y gobernantes. Se rumoraba que para las próximas horas se desprendería, junto con su columna vertebral, la cabeza del presidente de la nación.

Yo estaba ahí para rescatar a mi madre, quien cumplía 10 años de cárcel por la negligencia de las investigaciones.

Desde aquel ángulo El Diablo semejaba un colosal cubo tallado en piedra negra.

Me acompañaba mi hermano menor, David. Cargabamos cada quien con una bazuca, diez granadas y municiones suficientes para simular una lluvia de estrellas.

Nos miramos y sonreimos. Las detonaciones que azotaban al resto de la ciudad simulaban una pieza musical de suspenso. El canto de la guerra.

Apunte la bazuca hacia la entrada principal. Mi hermano preparó su Aka. Respiramos en unisono. Jalé el gatillo.

Mi madre es inocente, debo aclarar antes de proseguir. Una mañana en camino a su trabajo alguien le robo su bolsa. Al día siguiente su bolsa fue encontrada junto al cadaver de una querida del hijo del diputado Jiménez. El Diablo era su hogar desde hacía ya dos años.

Los muros se simbraron al compás de la destrucción de la puerta. Las alarmas se activaron. Irrumpimos en una cascada de balas.

David y yo protegíamos nuestros cuerpos con trajes cuerpo completo antibalas. Al menos de que nos dieran con un cohete nada nos detendría. Habíamos estado planeando este atercado desde su detención. Iniciado con un balbuceo motivado por la espontaneidad y rabia de las noticias, cobró fuerza y lógica con el pasar de los dias. No teniamos nada que perder, madre era la única familia que nos quedaba.

Nuestras balas destruyeron los suaves y regordetes cuerpos de los guardias de esta sección. Nuestras granadas reventaron a otros como piñatas. Aquello era una fiesta. El confeti eran las viceras y sangre de los traidores. Jalaba el gatillo, lanzaba granadas y escupía con mi bazuca riendo. El abdomen comenzaba a dolerme.

Primero debíamos llegar hasta la oficina de El Diablo, director de la prisión desde su inauguración. Un temido ser, El Diablo. Nacido de burgueses que en sus infancias fueron golpeados indigenas. El Diablo creció creyendo plenamente es su divinidad. Tú has caído en esta Tierra para dominar, para establecer las reglas. Tú eres un elegido, hijo mío. Las palabras de sus padres y sobornados maestros lo volvieron casi indestructible.

Llegamos hasta su oficina. Apunte con mi bazuca. Acaricie el gatillo. Y antes de jalarlo una oleada de calor derritio la puerta y nos escupió a varios metros de distancia.

El Diablo se presentó. Su cuerpo se refugiaba dentro de un Todaysoldier.

Los Todaysoldiers, armas militares, habían sido creadas tres años atrás por el gobierno de la tiranía del norte. Creados para combatir sus ficticias guerras de paz, que solo habían traído la decadencia del mundo entero. Los Todaysoldier se amoldaban perfectamente al cuerpo del tripulante, quien al controlarlo aumentaba sus fuerzas a más de un mil porciento, ademas de que esta especie de armadura venía equipada con lanza granadas y metralletas.

Aún así, eran destructibles. Podían sangrar. Una mortal bestia después de todo.

Nos incorporamos y apuntamos con nuestras bazucas a sus puntos vitales. Disparamos y aquel lugar asemejo un nuevo big bang.

Me quedé sordo por unos minutos. Una columna de humo nos sofocó entre lo que quedaba de paredes. Caminé con sigilo, esperando a que El Diablo apareciera entre la niebla. Pero no se paró. Lo encontré partido en dos, riendo y diciendo a manera de mantra la siguiente oración: Soy El Diablo, el elegido. Me miró. ¿Eres un ángel? No, soy un hombre. El hombre que te ha quitado la vida. Y comenzó a bramar como cerdo. Saqué mi machete y le desprendí la mano derecha. Me miró con la duda de un infante. Necesitaríamos su huella digital para abrir la celda de mamá. Tomé una de mis granadas, le quité el seguro y se la metí entre las fauces, no sin antes dislocarle la mandibula.

Salimos de aquel colosal cadáver minutos después, mi madre cargando a mi hermano quien se había desmayado por el olor a muerte.

La revuelta aún sigue. Sin embargo, se pronostica su culminación. Lo podemos sentir en el aire. Se siente en el corazón.

LA SILLA VACIA (Jonathan Mata)

Querido Antonio:

Te echo de menos. Estoy en la ciudad, escribo estas líneas desde nuestro amado café en Pigalle, elegí este sitio por todo lo que representa en nuestras vidas, y ya que estoy aquí he aprovechado para revivir recuerdos bebiendo un espresso. Nuestra mesa se encuentra desocupada, pero no he tenido el valor de pedirla, tú sabes muy bien por qué. Son casi las ocho y estoy por marcharme, no adivinarías con quien estuve charlando por casi dos horas, si, con Angelique, está radiante, la encontré sentada y sola cuando entré, casi no la reconocí por el camisón que usaba, tu sabes que ella nunca usó camisón, es alucinante verla tan cambiada en el estilo, ojalá pudiera ver como sonríes Antonio, se que te provoca gracia imaginarla.

Recuerdo cuando llegamos a París la primera vez, no puedo evitar reír al recordar tu expresión descompuesta al ver el apartamento que nos consiguió Angelique, era absolutamente oscuro, un gran cubo negro como tu dijiste. No soportabas la idea de vivir sin electricidad, hasta que empezaste a ensayar tus números a la luz de las velas, solo se iluminaba tu figura delgada y perfecta, era un gran tiempo querido Antonio.

No creerás lo bien que se conserva Angelique, luce aun mejor que el día que la conocimos, los años le han sentado de maravilla, yo no pude dejar de mirarla insistente toda la tarde, sigue teniendo eso que nunca supimos explicar, lo llamábamos magia ¿recuerdas? Intercalaba mi atención entre su belleza y nuestra mesa vacía, me preguntó si te echaba de menos, no pude contener el llanto y respondí con la cabeza que si, que te echaba mucho de menos, y es verdad Antonio, siento mucha culpa por lo que te dije la ultima vez, me siento tan egoísta. Esperaba verte llegar al café, cada hombre de rasgos finos me recordaba a ti, era una alegría inmensa la que sentía al pensar que serias tú, y una tristeza profunda al darme cuenta de que era imposible.

Después de una plática y un café exquisitos, Angelique se despidió, me besó en los labios casi sin tocarlos, como siempre, y se levantó, le tomé la mano y le dije que lucia espectacular, y ella solo guiño el ojo y dijo...< Tengo pacto con el diablo, querida>. Te describo a detalle su despedida porque sé que disfrutabas verla marcharse majestuosa en ese acto de cabaret fino, y ella lo hacia aun mas vistoso porque sabia que te encantaba.

Te diré algo que seguro te alegrará, Angelique está limpia desde hace dos años ya, le cambiaste la manera de ver las cosas, y a mi, ojalá no hubiéramos pasado nuestra juventud entera inyectándonos esa mierda, te lo digo en serio. Bueno querido Antonio, como cada año sin falta te dejo mi carta, estaré en Paris por un par de días y luego regreso a Amsterdam para montar mi nueva colección, seguro te encantaría. Me despido recordándote mi amor infinito, esperando un día reencontrarnos para nunca mas tenernos que separar.


Hasta siempre mi amado Antonio.

Rafael

MONOLOGO REFLEXIVO (Por: Blanca Dayane Castro)

¿Hacia dónde va todo lo que mandamos al diablo?... ¿querrá el diablo recibirlo?...
Yo he mandado el amor al diablo lo cual es una ironía tan solo pensarlo, pero lo he hecho y no he recibido ningún recibo ni comprobante de que el amor está realmente con el diablo.
Es como si de repente quisiéramos encerrar a nuestros enemigos nuestros malos momentos y pensamientos en un gran cubo negro.
Al diablo se le mandó hace mucho la democracia y es hora que no la ha regresado. El pasatiempo del diablo es jugar con nuestros pensamientos en una noche obscura y de tormenta, crear sombras con movimiento y hasta sonidos.
Todas las malas acciones se las achacamos al diablo, como si nosotros no tuviéramos nada que ver en el asunto, el diablo es ese pensamiento que te ronda al ver a otro ser humano bastante agraciado que se dirige hacia ti con una mirada erótica.
Al diablo hemos mandado sermones y buenos consejos también… me imagino a don Satanás oyendo hasta la saciedad que no lleguemos tarde a casa un sábado por la noche mientras él planea una estrategia para regresarnos al camino de ser humanos.
No me gusta pensar mucho en el diablo, creo que le he mandado muchas cosas y ya ha de estar lleno mi casillero… no se si algún día me las regrese o sólo esté jugando con ellas. Quizá sale los domingos al baratillo a vender las cosas que le hemos mandado
“No temas a las sombras solo son un indicio de que en algún lugar hay una luz resplandeciente”

ELLA (Por: Magnolia Flores Tapia)


Los pueblos son fuente de muchas supersticiones y de historias sobrenaturales… leyendas que nos entretienen o que tienen a bien transmitir conocimientos, educar… evitar malos comportamientos… mitad verdad, mitad invento. Aquel año mi hermana y yo fuimos a pasar nuestras vacaciones con la abuela al pequeño pueblo donde ella vive, estábamos encantadas. La gente era muy amable, estábamos alejadas del bullicio de la ciudad y desde siempre fuimos muy apegadas a ella y ella siempre apegada a nosotros y muy cariñosa.
Era el cuarto día en época de semana santa… un día nos levantamos temprano para ir al templo, al mercado y después a desayunar, todo transcurría temprano ya íbamos de vuelta a casa cuando al pasar por una vieja y enorme finca mi abuela se santiguo, habíamos pasado por ese lugar casi todos los días más de una vez, y eso jamás había pasado.
La casona estaba sola desde hacía bastante tiempo, la misma casa tenía una arquitectura muy francesa para ser del tiempo que era y en un pueblo, tenía bastante jardín y varios cubos negros formaban parte de la decoración del lugar, habiendo uno más grande que todos en una fuente que estaba al frente de la casa con una especie de glorieta. Al preguntarle a mi abuela el por qué se ese acto nos relató una historia…
Ese lugar era de unas personas sumamente ricas un matrimonio relativamente joven, él al parecer tenía negocios bancarios, tierras y era prestamista y ella a diferencia de él era francesa venida a México cuando niña, como era natural no trabajaba pero si se sabía que era muy culta y se le podía ver siempre con un libro, pintando o dibujando algo, según nos cuenta mi abuela. Eran muy amables y vivían en el pueblo porque ella siempre fue muy enfermiza, el aire del campo le hacía bien, solía pasar temporadas solo con la servidumbre mientras su esposo atendía los negocios. Se veía que se amaban mucho, pero no pudieron tener hijos hasta después de mucho tiempo.
La mujer murió en el parto y al varoncito que nació su esposo decidió llamarle Miguel, por todo lo que tuvo que pasar y por devoción al arcángel del mismo nombre a quién ella siempre se encomendaba. Él fue un niño sumamente querido, su padre se veía en su hijo, fue muy esperado y era muy parecido a su madre, ella era una mujer muy bella y heredo esa belleza a su hijo que además cuando grande tenía el porte y actitud de su padre y los finos rasgos de su progenitora. Era alto, sus ojos eran claros pero nunca se pudo saber exactamente de que color, le cambiaban según su ropa, era muy inteligente, varonil, caballeroso y atento, su piel blanca y su cabellera rizada completaba el cuadro, un verdadero ángel coincidían todos.
Naturalmente como todo joven se enamoró de Clara, la muchacha más bonita del pueblo, su padre era ganadero y vendría siendo prima mía _ agrega mi abuela- pero yo tan solo era una niña en ese entonces. Se comprometieron como era debido y la fecha de la boda estaba ya cuando ella enfermó y al poco tiempo murió. No se puede describir la tristeza en la que Miguel cayó. Cualquier mujer lo hubiera aceptado como esposo, pero él ya no quiso saber nada, y se dedicó afanosamente a las cuestiones religiosas.
Su padre, que no quería que llegara su momento de morir sin antes saber que su hijo no quedaría solo, al no tener más familia el que él tuviera una esposa por lo menos lo dejaría tranquilo, y vaya que el señor ya era mayor en ese entonces. Meses después llegó una mujer a ocupar una casa que estaba deshabitada desde hacía unos años, la mujer tenía un aspecto extraño, bastante elegante, joven y sola, llegó sin familia, a penas unos cuantos criados y muchos lujos, todos supusimos que por su actitud iba de una gran ciudad, pero nadie comprendía por qué había llegado hasta ahí. Y sobre todo a nadie nos daba buena espina. Mas pronto que tarde comenzó a hacer buena amistad con el padre de Miguel y a querer comprometerse con Miguel, cosa que al joven no le agrado para nada, él siempre decía que no habría mujer más allá de Clara y que después de todo, su única compañía sería Dios Jesucristo nuestro señor.
Ante las actitudes del joven el padre solía encolerizarse como nunca, hasta que decidió comprometerlo sin más en matrimonio. Pero a los pocos días de esa decisión el señor murió, por lo que el plan no se llevó a cabo tal cual, pero siempre estuvo al pendiente esa extraña mujer a la cual él siempre repelía y como cosa extraña ella jamás entró al templo o al camposanto.
No fue mucho el tiempo que paso para que ella tratara de aprovecharse de la situación, pero el joven amablemente siempre la solía rechazar hasta que todo comenzó a ponerse cada vez peor, el clima se tornaba lluvioso cada que ella se enojaba y todos empezamos a saber que ella no era algo natural ni divino…
Un año acabó, otro empezó y desde que esa mujer estaba en el pueblo todo iba cada vez peor, y más cuando la semana santa terminó… como cosa extraña Miguel enfermó, y ella con todos sus sirvientes se ofreció a irlo a “cuidar” cuando un caballero elegantemente vestido y todo de blanco abrió la puerta de la casona, nadie lo vio entrar o llegar al pueblo pero cierto es que jamás permitió que ella entrara. Él se parecía bastante a Miguel, rubio, rizado, bastante alto y con un aspecto bastante tranquilo, a nadie le incomodaba y a todos parecía provocarles una inmensa ternura.
Miguel murió, y muchos aún creen que fue por tantas tristezas que se debilito y finalmente falleció… pero no se sabe. Lo cierto es que la mujer desapareció después del día en que falleció, solo ese mismo día momentos después se cuenta que una platica entre el caballero de blanco y la mujer se escuchó… él le advertía que no debía acercarse a él, y ella simplemente dijo que no haría nada en su contra, y no iría a turbar su camino. Después jamás se le volvió a ver. Y la tumba de Miguel nunca ha estado sin flores y sin pasto verde a su alrededor a pesar de que no dejo a nadie. Sus bienes fueron para los más pobres del pueblo y de eso hoy justamente hacen ya más de 70 años. Y todos tenemos la sospecha de quienes eran esas extrañas personas, sobre todo acerca de quién era ella… pocas cosas raras pasaron después de su partida, su casa se derrumbó dejando un ligero olor a azufre que se desvaneció pronto.

10 febrero 2009

Hoy No Puedo - (Por: Magnolia Flores Tapia)


Fumar, beber, comer… muchos son los vicios que un hombre (o una mujer) pueden tener, pero yo… no tengo ninguno de esos, mi único vicio es jugar… sí, jugar. Me gustan los retos, me gustan las apuestas, se perder, pero me encanta ganar. En sí, la vida es como un juego, a veces se gana a veces se pierde, pero uno no puede dejar de apostar con sus decisiones.
Como buen jugador tengo mi amuleto, una moneda antigua y extranjera que ha pasado de generación en generación mi bisabuelo la consiguió, se la dio a mi abuelo, él a mi padre y mi padre a mi, nunca salgo sin ella. Y por supuesto que a la par de mi amuleto va mi superstición… el número 13 ¡ni tocarlo! ni en el juego ni mucho menos en el calendario… el 13 de cada mes si puedo evitar salir de mi casa lo hago, cosas terribles e inevitables suceden, preferible para mi tomar esas medidas que cosechar accidentes o desgracias, después… ¡que sigan las apuestas Y la vida normal!. Todo puede esperar.
Entre amigos; póker, dominó, damas chinas, etc. O a gran escala carreras de caballos, deportes, casinos. Casinos… benditos lugares, siempre he tenido suerte y en uno de ellos fue donde contemple los ojos más hermosos que jamás hubiera siquiera imaginado, ¡¿qué mas suerte que esa?!
Acababa de tirar unos dados en el preciso momento en que la vi pasar frente a mí… cabellera rojiza y ojos verdes resaltados con un perfecto delineado negro, vestido entallado y tacones… su mirada se posó en mí y mis dados me hicieron ganar. Por ese momento me retiré del juego, cambie mis fichas y me dirigí hacía ella, tenía que conocerla.
Más de un par de horas estuve con Tania (ese era su nombre), era toda una diosa, pero el tiempo no perdona y nos tuvimos que separar… intercambiamos números pero me pidió que no la llamara antes de que ella lo hiciera “yo te llamo” – me dijo, y retumbó en mi esa frase tan usada… de nuevo un volado al aire, debía olvidarla o confiar en que me llamaría y le quitaría lo trillado a ese enunciado, una nueva apuesta, habría que confiar, por algo me la encontré.
Pasó más de una semana y nada que llamaba, acabó un mes, inició otro y ya avanzado en días mi teléfono sonó… me dio taquicardia, aún no podía olvidarla ¿y si ella por fin me estaba llamando?, ¡no, hoy no! – Bue.. Bueno - dije con voz tímida - Bueno – dijo Tania y agregó – disculpa mi tardanza, viajo mucho y no estaba en la ciudad, acabo de llegar, ¿quieres ir a tomar algo en la noche? – era inverosímil, debía ser una burla; de la vida, del destino, de la suerte, qué mas daba, una burla al fin. No pude más que contestar – hoy no puedo… es 13, ¿qué tal mañana?.

RAZÓN DE SER - (Por: Blanca Dayane Castro)


- Disculpe arquitecto, pero falta el plano número 13
- Si, así es el diseño expresamente
Era el proyecto de la construcción de un burdel, que como todo en ese perfil debe de pasar desapercibido, pero Luis ya tenía experiencia en el ramo, aunque era un poco excéntrico. Contaba los bloques de ladrillos y en el número 13 siempre ponía agua bendita en el cemento; se fumaba 12 cigarros exactos al día ya la 1 de la tarde no dejaba que nadie trabajara.
El burdel se terminó muy pronto, con 12 cuartos y un desván. Sala, recibidor y por supuesto el bar. Luis se volvió un cliente asiduo del lugar; siempre salía de su despacho caminando, como para despistar primero llega por su café y paga la cantidad de 15 pesos, el dependiente siempre trata de devolverle sus $2 de cambio pero él se ha marchado para entonces. Llega a la casa pintada de rosa mexicano sin letreros ni decoraciones y lo recibe la dueña del lugar, contenta por el trabajo que Luis hizo para ella.
- Pásate mi rey, tómate una copita y relájate. Te tengo noticias.
- Usted dirá
- Quiero que me amplíes la casa, necesitamos otro cuarto
- ¿Otro cuarto? Mjm ¿para qué?
- Es que nos llegó otra muchacha, ya tengo 13 y no tengo donde atienda
- ¿13?
La voz de Luis se quebró y apenas era audible, el trago de tequila le supo amargo y un sudor le recorrió todo el cuerpo. Por su mente pasaron las 13 veces que su padre le pegó, las 13 escuelas a las que tuvo que ir por la inestabilidad económica de su familia, el piso número 13 donde una vez se atoró el elevador por más de 3 horas y por su puesto los martes 13 que mejor prefería quedarse en cama.
- Es más, deja que la conozcas, Esta va por la casa
Debido al nudo en su garganta no pudo declinar la oferta, apuró el trago de tequila que le habían servido y estaba a punto de levantarse cuando vio a la muchacha: era un ángel, un cuerpo de diosa en la tierra… embobado Luis le extendió la mano para presentarse.
La muchacha había recibido órdenes de la dueña y se acomodó en las piernas de Luis dejando ver su ropa interior debajo del saco desabotonado y le susurró al oído que en cuanto el cuarto estuviera terminado, sería el primero en disfrutar de sus servicios.
Luis empezó la construcción y se olvidó de todas sus reglas, de poner agua bendita y así en menos de una semana el cuarto estaba terminado.
Un martes 13 salió de su casa y se fue directamente al burdel, en la puerta lo recibió aquella diosa con el premio prometido, lo condujo de la mano hasta el nuevo cuarto, el cual tenía el número 13 grabado arriba, Luis pasó saliva y entró con su premio a la habitación…
Guadalajara, Jal. 14 de marzo 1996
“un temblor de 6 puntos en la escala de Richter tuvo su epicentro en la zona rosa de la cuidad, fueron pocos los daños, aunque la casa con el número 2315 quedó totalmente destruida, los vecinos especulan que era un burdel clandestino, las autoridades han encontrado 13 cadáveres femeninos y 13 masculinos, se les llamará a las familias para su respectiva identificación”

Los hijos de Ac (por Carlos Castro)

En aquella época a la muerte aún le gustaban los clichés. Llegó al pueblo M durante la hora trece del decimotercero día del mes, que por casualidad era viernes.

Haciendose llamar Ac deambulo las empedradas calles en camino al castillo de la reina Julieta. Aposto en el casino. Se deleito en el burdel y luego le dio hambre. Se detuvo en el mercado, comió y con su mirada liberó una epidemia entre los transeuntes, consumidores y comerciantes.

La epidemia se manifesto en forma de locura. Cada individuo se alieno en una realidad propia saturada de tormento y dolor. Cada hombre y mujer vivió el mayor de sus terrores una y otra vez. La etapa final de la enfermedad era la evaporación.

Cuando Ac tocó la puerta del palacio, el noventa y nueve porciento de M ya había desaparecido. Julieta aún ignorante de lo sucedido, pidió a una de sus esclavas que dejara entrar el forastero.

Con su pasear por los pasillos impregnó el templo con olor a muerte.

Adelante, ordenó Julieta, quien lucía realmente jugosa bajo su vestido rojo. ¿En qué le puedo servir…?

Ac… mi nombre es Ac.

¿Qué lo trae a mi pueblo, Ac?

Vengo a pedir su mano.

Julieta, acostumbrada a aquella clase de confesiones soltó una carcajada.

Si mira por su ventana, hermosa señora. Descubrirá que su pueblo ha desaparecido. Usted se ha convertido en una reina sin pueblo. En en otras palabras, ha dejado de ser una reina.

Julieta se dobló en otra carcajada histerica.

¡Julieta! ¡Anda, mira por la ventana!

Gateando y con una fuente de saliva y lagrimas brotando de su rostro, a causa de tan repentina comedia, miró por la ventana.

Su grito destruyó el cristal. Como reflejo corrió y se tiró entre los brazos de Ac. Abrazandolo con las piernas lo dejo entrar a su cuerpo.

¡Hazme de nuevo una reina! Lloró entre orgasmos.

Los años pasaron y Ac y Julieta repoblaron M.

Durante una noche de invierno Ac abandonó M y Julieta se desplomó ante la tristeza. Murió al mes.

Su hija mayor tomó el trono y pidió a los sacerdotes que escribieran profecías y oraciones sobre el regreso de su padre.

M se convirtió en una metropolis y posteriormente en una aldea global que se aventuró entre las estrellas.

El día del retorno de Ac se acerca, dictan las profecías. La mayoría de su descendencia aún implora tan esperado día. Sin embargo, entre los habitantes de la colonia M se ha gestado una creciente secta que lo llaman una farsa, esto ha contaminado las mentes de sus habitantes sumergiendo a muchos en un desilusionado presente.

La Isla Cascabel (Jonathan Mata)


En el puerto de Santa Lucia la madrugada del primer domingo de cada mes, exceptuando los días 13, salía una pequeña embarcación hacia la Isla Cascabel y regresaba otra procedente del mismo lugar, pero lo extraño era que regresaban menos niños de los que habían ido en principio. Todo el mundo en nuestro pueblo conocía perfectamente aquel sitio, y aunque todos estuvieron una vez allí, nadie hablaba al respecto, era un secreto a voces entre los pobladores. Existía una extraña superstición en la población entera, el numero 13 no estaba permitido en absolutamente nada, pero tampoco se omitía, solo se sustituía con una cruz. Los días 13 eran de una especie de luto regional, nadie trabajaba ni iba a la escuela, parecía un pueblo fantasma, y no sé si era una mera carga de predisposición pero aquel que hacia del 13 un día común, sufría de raros incidentes tarde o temprano. Cuentan por ejemplo que Anastasio, el hijo del boticario había sido concebido un día 13 y por eso era incapaz de hablar, o que Raquenel la anciana loca, había recibido una propuesta de matrimonio un día 13, condenando a su prometido a morir ahogado en el lago el día antes a la boda. Todos aquellos que tenían relación alguna con el numero trece eran llamados “malditos”.

Los pequeños barcos salientes del puerto estaban llenos de niños y niñas de 12 años que en ese mes cumplirían los 13, los chicos eran recogidos a las 4 de la madrugada para no ser vistos por nadie y pretender que no se habían ausentado nunca. Las familias continuaban la vida cotidiana como si el niño estuviera aun en la casa, seguían poniendo su plato en la mesa y ordenando sus libros escolares para el día siguiente. La realidad en la isla era muy distinta, parecía que los niños estaban predispuestos a vivir ese proceso de manera natural, nadie hacia preguntas sobre lo que había en la isla, ni se negaba a ir, era simplemente algo que debían hacer.

Todos en el pueblo pasaron por Cascabel, decían que quedarse en Santa Lucia era una condena mortal para el niño mismo y el resto de los habitantes. Muchos de los niños nunca volvieron, y en ese caso preparaban un funeral familiar para él, de cualquier manera no volverían a verlo jamás. La Isla Cascabel además de ser el refugio que separaba a los habitantes de los niños malditos, era un filtro de pureza que seleccionaba a los niños sin pecado. En la Isla había una zona prohibida para ellos, estaba abierta a la entrada de quien quisiera participar, pero aquel que se atrevía a pasar estaría rompiendo con las buenas tradiciones del pueblo y no seria bienvenido de regreso. Esta zona estaba plagada de vicios, como el juego, el trago, y el sexo, y era fácil caer en la tentación puesto que en Santa Lucia no había nada parecido.

Los niños que decidían entrar a la zona no recibían mas castigo que el de la consecuencia inmediata de sus actos, había riñas en las cantinas y en los casinos todas las noches provocadas por los chicos de otras generaciones, el alcohol los embrutecía de una manera inimaginable, ya no eran solo niños de 13 años, eran carniceros. La zona creció de manera muy rápida en los últimos 10 años, ocupaba la mayoría del territorio de Cascabel, pero no había manera de detenerlo, se intentó ocultar su existencia a los niños que recién ingresaban, pero de alguna manera ya sabían de este lugar y se organizaban para encontrarlo inmediatamente a su llegada.

Del año de 1903 a 1916 no regresó ni un solo niño de Cascabel y en 1917 fue imposible la llegada de cualquier embarcación, se había vuelto una isla sanguinaria. Los niños, que ya eran hombres, estaban armados, se las ingeniaban para hacer dispositivos incendiarios que impedían el acceso a cualquier nave extranjera, tenían el territorio bajo su mando, sin control ni gobierno de algún tipo.

Con el pasar de los años la población de Santa Lucia se redujo considerablemente, los hombres envejecían y los jóvenes habían dejado de engendrar por miedo a mantener a los niños ahí al cumplir los 13 años. Hasta la fecha a Cascabel no se volvió a entrar, pero la población se mantuvo creciente en los años siguientes, se sigue dudando de la ubicación exacta de esta isla, pero hay datos que indican que es parte de un archipiélago perteneciente a Portugal y que se encuentra custodiada celosamente por el gobierno de este país.

01 febrero 2009

La Villa Rosa (por: Carlos Castro)

Una de mis últimas mañanas de mi año treinta, me descubrí frente al espejo viviendo un deja vú estimulado por la monotonía de mi existencia.

Cuando un homo sapiens asume el papel de un engranaje, le pasa lo que a un engranaje, se barre, se oxida y al final se fractura.

Me sentí como un perro que lleva comiendo las mismas croquetas desde cachorro. Ahora las quería vomitar.

Renuncié a mi trabajo de contador y con mis ahorros a la carta me dispuse a ordenar del menú del nuevo horizonte. Decidí recorrer el estado, de polo a polo y de la tierra naciente perseguir al sol hasta su tumba.

Así fue como conocí La Villa Rosa, un pueblo de libertinos.

Llevaba recorriendo aquella carretera ya horas. Me pronostiqué perdido pero me propuse disfrutar cada kilometro y cada curva hasta que la gasolina me lo premitiera.

De repente, como salido de la tierra, aparecio su nombre, a la orilla de la carretera, “La villa Rosa 5 Km”. El letrero apuntaba a una brecha en dirección a un cerro. Ordenado por mi impulsión la tome.

La brecha atravesaba el cerro. Durante 5 minutos recorrí las entrañas de aquella colosal criatura, iluminado por los faros de mi BMW.

El tunel me escupió en las venas de La Villa Rosa. Al instante me sentí en otra dimensión. La velocidad del tiempo se dilato y me encontré atravesando un espeso océano invisible. La radio entonó a Buffalo Springfield. La estela de esta realidad me permitia ver las notas de For What it’s Worth chocar contra el aire.

La Villa Rosa era un refugio de hippies liberales con intenciones de disfrutar aun más el presente. Gracias al Núcleo, ubicado en el corazón del pueblo, habían conseguido dilatar el tiempo a semejante nivel. Observar las estelas de los habitantes de Villa Rosa me hizo pensar que estaba siendo atacado por un acid flashback.

Fornicaban en cámara lenta en las calles. Pase junto a una chica de 14 que comía un plátano y fue tal el efecto que brotó el pedófilo en mi.

Inflamado, continué presionando el acelerador al ritmo de la música, mirando senos en cámara lenta surcar el aire.

No llevaba ahí más de un minuto, cuando decidí que éste sería mi nuevo hogar. Los hippies me aceptaron sin ningún problema y me hicieron parte de su pueblo. Por fin sentía que podía disfrutar cada segundo de mi vida.
Me contrataron en una carnicería. Disfrutaba del partir lento de la carne y de los senos de las amas de casa que no dejaban de coquetear.

En La Villa Rosa se podía andar desnudo, pintado o vestido. Bajo la influencia de cuaquier droga. Bajo la influencia de cualquier deseo sexual. Villa Rosa era la verdadera democracia, gobernada por un senado, cuyos miembros rotaban cada año. Hogar de 200 habitantes. 201 tras mi llegada.

Para aquellos que lo piensen están equivocados. En La Villa Rosa no había asesinatos, ni robos, ni mucho menos violaciones. Sus habitantes eran educados minuciosamente en su sexualidad y persona, eliminando así sus tabúes. Aquí el dinero era el sexo, el lubricante social. Todo se solucionaba mediante el sexo.

Viví en el paraíso por un año, que pareció tres. Pero una mañana de mis últimas de mis treinta y uno me encontré viviendo de nuevo un deja vú. Tomé mis ahorros, mis llaves y cuando estaba por salir de mi casa sentí ganas de fornicar por última vez con mi vecina. Sentir sus senos acariciar y golpear mi nariz. Su humedad recorrer cada vello de mi piel.

Al terminar aquel orgasmo de casi dos minutos corrí a mi automóvil, temiendo que no tuviera batería pues desde mi llegada lo había usado muy pocas veces. En La Villa Rosa se quiere andar de pie para disfrutar del paisaje y sus habitantes.

Pero el carro rugió.

Recorría el pueblo de un extremo a otro cuando tuve la idea de recorrerlo en reversa. Siempre se me ha calificado de ocioso. Para mí sorpresa descubrí que al recorrerlo en aquel estado un efecto de rebobinado imperó a mí alrededor. Estacioné el carro y caminé de espaldas. Caminaba hacia delante y la cinta recobraba su efecto dominó hacia el futuro. Caminaba de espaldas y todo volvía a recorrer su pasado. Después se me explico que aquello era un pequeño defecto del Núcleo.

Viví en efecto de rebobinado por unos dias pero me cansé. Caminar de espaldas no era lo mío.

Dejé La Villa Rosa cuando moría el sol. Recorrí la oscuridad desgarrándola con la luz de mi vehículo. Respiré con alivio al reanudar mi odisea.

La vida que vi (Jonathan Mata)

No soy claustrofóbico, pero empieza a incomodarme estar entre cuatro paredes. Todo luce tan distinto, pero es la misma habitación. No había notado cuan viejas están las paredes, hasta hoy. Después de ver repetida la misma imagen comienzo a desmenuzar este universo, mi universo, un universo negro. Aun me pregunto como fui a dar a este tipo de vida tan denigrante y aburrida, pero la verdad es que no me extraña, estoy acostumbrado a sentirme somnoliento de pies a cabeza y 24 horas al dia..

Alguna vez en un autobús un hombre viejo, de barba cana y olor a polvo lanzó al aire un cuestionamiento, preguntó si alguien alguna vez había tenido la sensación de estar viviendo algo ya experimentado, yo respondí que no, pero en ese momento justamente sucedió, tenia la sensación de haber vivido esa escena anteriormente, no comenté nada, pero sé que él pudo ver el desconcierto y el miedo en mis ojos, pero simplemente volteó la mirada para no hacerme sentir incomodo.

Durante aquel día todo me pareció familiar, la mujer delante de mi era la Mona Lisa y el chofer del autobús era Mickey Mouse, los conocía a todos por alguna extraña razón, aunque nunca los hubiera tenido cerca de mi. Al llegar a mi trabajo, sin más, me despidieron, y ese fue el fin del ciclo de lo novedoso en mi vida, por primera vez y después de mucho tiempo de trabajo había sido despedido de un empleo. ¿Y ahora como se maneja esto?, era lo único que me faltaba por vivir.

La vida fue distinta desde entonces, las funciones de mi cuerpo se atrofiaron, y dejé de ver con los ojos para mirar con la mente, con el inconsciente. Comencé a materializar mis recuerdos y deseos reprimidos de tiempo completo, soñando. De repente un día me levanté cansado y con la espalda rota, dormí demasiado por la depresión de ver mi mundo devastado detrás de las cuatro paredes, decidí que era hora de buscar empleo de nuevo, pero cuando me levante para lavarme la cara me pregunté. ¿Quién querría emplear a un hombre viejo de barba cana y olor a polvo?, la respuesta le corresponde a la almohada.

DEJA VU O SOÑÉ CON CARNITAS - (Por: Miguel Ángel Pérez Maldonado Mendoza)

Era una tarde del día 31 del mes de febrero, no recuerdo como fue, pero empecé a ensoñar con carnitas de diferentes clases: De res, de cerdo, de pollo y conejo; porque no de tlacuache.
Veía las tortillas en cámara lenta, flotar cerca de mi y yo las tomaba como freesbis y me enguía unas, haciéndolas taco para mis carnitas. He de decir que las carnitas me encantan. Las veía flotar y bailar frente a mí en forma de lenguas, nenepil, riñoncito y buche. Mmmmm ¡Sabrosas carnitas, carnitas, carnitas, carnitas! Soñaba que un buche de cerdo me enrollaba en lo mas profundo de sus entrañas y le tiraba de mordidas y lengüetazos. Las carnitas son para mi algo mágico, tienen la peculiaridad de hacerme vivir en un mundo u otra dimensión. Sin embargo todo esto era solo un sueño; mi mama me despertó diciéndome: Atanasio, Atanasio. Estas bañado en sudor ¿o es baba? ¿No te das cuenta que primero esta comer que estar soñando? Eso si era difícil de aceptar. Me llene de baba y creía que era sudor. Le conteste soñando: Estoy madre en un buche de cerdo que me arropa y protegía con compasión y fraternidad. Por eso estoy babeando. Mi madre entonces va por un pedazo de carnaza que tenia de tapete y me lo pone en la espalda y me dice: Cúbrete te vas a resfriar; No me escuchaba.
Yo inmediatamente pensé: Esto ya lo había vivido. No puede ser. Tenía un buche rodeándome la espalda y cubriéndome. Tire de lengüetazos y mordidas, pero este ya estaba tratado con químicos y en realidad no sabia bien. Hable con mi madre y le dije muy serio ¡Esto ya lo había vivido! Ella no me hizo caso y me quito el tapete y lo hecho a una olla hirviendo con agua pues lo quería lavar. Aproveche su descuido y le eche a las aguas vaporosas unos pedazos de jitomate, hierbas finas, eneldo, jengibre y azafrán; todo para darle un sabor agridulce. Mi madre estaba lavando los trastes y entretanto, el caldazo ya estaba burbujeante. Pensé mi madre no se va a dar cuenta de que me encantan las carnitas, y yo aprovechare su descuido para sacar el tapete de el ollonón. Lo tome con mis manos y me lo lleve inmediatamente al buche para engullirlo.
Mi madre se dio cuenta y entonces lo pase a mi lomo para degustarlo con más atrevimiento. Sabia delicioso y empecé a babear pero los jugos se caían al suelo y a mi ropa. No sabia que hacer. Tome el cuerazo y mas lo apretaba con mis dientes. Mi madre me dijo ¿A dónde vas con eso cochino? Me empezó a aventar tortillas duras, como si fueran freesbis y yo las veía pasar frente a mí. Al tiempo que alcanzaba unas para hacerme unos taquitos y pensé: Donde, donde; pero esto ya lo había vivido. Las lenguas me hicieron recordar un pasaje de la Biblia que bajaban lenguas de fuego. Era algo místico.
Don de lenguas, de profecía o deja Vu. No sé pero sí hay algo sobrenatural en la vida y eso son las carnitas.

DEJA VU - (Por: Héctor De Anda)


Salí con 15 minutos de retraso, era demasiado tarde para tomar el autobús y subí al primer taxi que encontré. Anoche habíamos quedado en reunirnos en la asamblea, para discutir acerca de la culminación del proyecto “Unite Hands Aid”. Sinceramente, nunca fue un proyecto que me importó demasiado, la mayoría de las veces los altos funcionarios terminaban llevándose la mayor parte de la plata, prometiendo regresarla al fondo lo antes posible. Lo que ocurría era que aprovechaban las enormes cantidades de dinero para crear cuentas bancarias que dejaban estáticas durante largos periodos de tiempo, para después transferirla al fondo original de vuelta y así ellos quedarse con todos los intereses acumulados.
Mi trabajo consistía en la realización visual de la campaña. Yo era el encargado de diseñar anuncios, publicidad BTL, volantines, etc.
Ni siquiera sé por que acepté trabajar con ellos, en realidad todo el proyecto era una excusa para robar intereses.
Las 9:43. El tráfico vehicular aumentó intensamente de momento a otro. Y yo ahí, sentado en la parte trasera de un taxi, dirigiéndome a un lugar donde ni siquiera deseaba estar.
A donde apuntaran mis ojos, percibía rostros cansados, incontables los niños “pipila” camino a perder el tiempo, en fin, cosa de diario, la escena extrañamente me recordó aquel Altazor que había leído de joven, los molinos de aumento, de tormento, envenenamiento, sotavento, nacimiento. Más de 4 páginas llenas de molinos y repeticiones, aunque todas completamente distintas.
Pensé en que quizá las repeticiones nunca dejarían de ser eternas: entre rutinas, maneras automáticas del ser, visitas al dentista, sábados en el Café Cortazar, cuentas…
Sin embargo, curiosamente el Altazor de Huidobro daba la posibilidad de diferencia en cada repetición.
Repentinamente, noté que el taxista sacaba de la guantera unos ya viejos Mild Seven, encendió el primero de la mañana y tiró el fósforo de madera por la ventanilla. Reconocí la acción de inmediato, miré hacia la calle donde una mujer embarazada caminaba junto a su perro. La situación me transportó al recuerdo: esa ventanilla, esa mujer, los cigarrillos maltratados, esa situación había transcurrido antes, yo en el taxi junto con todos los sucesos exactos, pero ¿Cuándo?
Recordé también que la sensación no era nueva. Algo siempre extraño es que siempre soy capaz de recordarlas casi todas a la perfección: La década de los 80, tendría unos dieciséis años cuando caminaba rumbo al centro a comprar algunas pinturas que me había encargado el sr. Rocambole, cuando topé a mi antiguo profesor de biología; al mero momento de saludarlo experimenté la misma sensación de suceso ya vivido. En otra ocasión, tuve una fuerte discusión con un compañero de trabajo, que no tardó en desenmascarar el pleito y al instante en que yo le grité la ofensa, me atrapó el mismo recuerdo efímero.
Pensé entonces en la completa situación existencial en la que me encontraba, en el tiempo, el nacimiento y la muerte. Estos son pequeños chispazos de recuerdos que a menudo le llegan a las personas, lo interesante es pensar por qué, algunos somos capaces de recordarlos exactamente como sucedieron.
Me dejé llevar, saqué la libreta y fantasee un poco. Las ideas que venían a mi mente ya no se parecían a ninguna que hubiese tenido antes, ese momento era especial, extraño y digno, como si de alguna manera mi conciencia jugara una partida de ajedrez con un destino imaginario.
Cerré los ojos y entonces intenté recordar todas las diferentes maneras de repetición que experimentan las cosas. Según parecía, la repetición podría ser una clave para la existencia del universo, recordé los ciclos del clima, las leyes y procesos orgánicos de reproducción, la renovación de las células en el cuerpo, el desarrollo y declive de las civilizaciones. Me miré a mi mismo como parte de ese proceso renovador, habiendo muerto y vuelto a nacer incontables veces a través del tiempo, repitiendo mi vida una y otra vez. Supuse, que quizás solamente siendo conciente de este hecho yo podría formar parte activa de ella y tomar de una vez por todas, el control. Pero, ¿Cómo me daría yo cuenta? ¿De que manera sabría que en realidad detuve el proceso de repetición, cambiando los acontecimientos y librando mi vida de las condiciones temporales? Meramente, se necesitaría un trabajo muy intenso para tener semejante control. Yo, ¿osando enfrentar las voluntades del universo?
Detuve mi pensamiento. Dejé de cuestionar la situación concentrando mis fuerzas en controlarla únicamente.
“No hay nada nuevo bajo el sol” fueron las palabras que alguna vez escuché decir a un campesino que dedicó la mayor parte de su vida a sembrar y recolectar calabazas.
El auto se frenó de repente, abrí los ojos dándome cuenta de que había llegado al centro de reunión; pagué al taxista.
Un sentimiento de duda mordió mi voluntad por entrar, de todas maneras ya era tarde, aunque presentí que todavía me esperaban. Miré un par de minutos la puerta y el enorme reloj que estaba sobre ella, eran las 10:58, quiero decir que volvían a ser las 10:58.
Al darme cuenta de la infinita sucesión de eventos, ya nada pareció importarme. Cada hora repetida, cada palabra dicha, las veces en las que uno hace el amor. Siempre un principio y un fin amalgamados a una eterna recurrencia, como entrar y salir de una puerta que se encuentra en la nada.
No entré, volví a tomar un taxi de regreso a casa pensando en las cuentas llenas de dinero, en los molinos y los cigarrillos del taxista.
Hasta el día de hoy, la cuestión continúa tatuándose en mis pensamientos. ¿Habré sido capaz de burlar a la recurrencia? o simplemente volví a ser una marioneta más en el moebius de la existencia, provocando ese déjà vu que consta desde la juventud del mundo.

ÉXTASIS - (Por: José de Jesús Chico Hdez.)

- ¡Ya lo he vivido! – me lo repetía una y otra vez.
Mi cuerpo sudaba, mi pecho subía y bajaba ante la contemplación del Divino Rostro.
- ¡Ya conocía estás sensaciones! – volvía a decirme.
- ¡Ya lo he vivido! – me lo decía.
- ¿Dónde, dónde?
Y encontré la respuesta en aquellas noches cuando el demonio tentó mi carne y me hizo conocer el pecado.

UNA TARDE VIVIDA - (Por: Blanca Dayane Castro)

Un intenso olor a canela rodea el ambiente, estoy en mi casa y a lo lejos se escuchan cinco campanadas del templo cercano. La tarde está fría, por eso busco una sudadera en mi closet y aunque no lo quería me dejo puesto el pants. El ruido de un motor cercano me hace recapacitar, me asomo por la ventana y veo a un hombre bajando del carro; aunque está lejos, su silueta es inconfundible y mi corazón da un brinco cuando lo termino de reconocer.
Abro la puerta, él se me abalanza y me besa, alcanzo a empujar la puerta, lo tomo de la mano y lo jalo al sillón… nuestras manos recorren los cuerpos entrelazados, de repente siento mas calor pero no hago caso; pasan sin sentirse los minutos y ese calor se hace mas intenso y me hace voltear hacia la cocina.
Me quedo atónita viendo las llamaradas que se han apoderado completamente de la cocina, salimos corriendo de la casa mientras marco el número del cuartel de bomberos… 3647… todo se empieza a tornar borroso, mi cabeza me da vueltas, lentamente desparece el paisaje de mi alrededor y me encuentro de nuevo en la sala de mi casa. No se qué ha pasado o cuánto tiempo ha transcurrido mientras percibo un olor a canela, miro mi reloj que marca exactamente las 4:59.
A lo lejos se escuchan las campanas del templo, tengo frío y voy a ponerme una sudadera que haga juego con mi pants, de nuevo percibo el olor a canela y escucho el motor de un coche estacionándose, extrañamente se quién es antes de asomarme por la ventana, pero antes de abrir la puerta voy a la estufa… he dejado un trapo al lado de la olla del té de canela, todo parecía tan familiar que me he confundido y sin mas apago la estufa y retiro el trapo de la zona caliente.
Abro la puerta, él me saluda con un beso apasionado en la boca mientras alcanzo a empujar la puerta para cerrarla y lo jalo hacia el sofá, nuestras manos se pierden en los cuerpos entrelazados mientras me oigo decir:

- ¿Qué no hemos hecho esto antes?

LA QUE SÍ (Por: Magnolia Flores Tapia)


Desde niño he tenido una mayor sensibilidad a lo que me rodea… es extraño pero muchas veces llegué a soñar cosas que días después pasaban, a veces escuchaba ruidos, veía sombras y esas sensaciones de haber vivido algo que de repente solo eran como una tremenda sacudida acompañada de un sentimiento de familiaridad que uno no puede explicar, y menos cuando se es niño.
Mi extraña sensibilidad no me causaba mucho problema, porque empecé a tomarla como algo normal, también desde niño he sido muy serio casi introvertido, por lo tanto, nunca le conté a nadie de lo que veía, sentía y soñaba, a veces pensaba que eso era normal para todas las personas y otras veces fantaseaba con la idea de que era algo como un súper héroe y por eso me pasaban esas cosas. Nunca hubo mayor problema, hasta que soñé con la muerte de alguien… el sueño se hizo realidad y me sentí tan dolido, tan culpable y con tanto miedo que solo Dios sabe como pude inhibir ese “poder” quizás solo faltaba desearlo para que se fuera o dejar de creer… la cuestión es que ahora apenas puedo recordar lo que sueño, ya no hay nada fuera de lo normal en mi, muy esporádicamente extraño esa sensación. Ahora prefiero estar lo más tranquilo posible.
Por mi profesión viajo mucho, era aún niño cuando mi gusto por las aves me hizo decidir que quería ser piloto, un buen amigo de la familia me enseñó y ahora realizo vuelos nacionales e internacionales, sencillamente volar es mi vida.
Al principio es difícil acostumbrarse, sobre todo cuando se trabaja mucho, se tiene que estar siempre bien alerta, concentrado y muy bien descansado, lo más extraño es de repente el no saber ni donde se despierta o el llegar a un lugar desconocido que morirías por visitar y no conocer más que el aeropuerto, después de un tiempo ya uno empieza por acostumbrarse.
Mi trabajo me encanta y cada vez voy estando más atareado, a veces tengo poco tiempo para mis cuestiones personales, situación que a mis familiares sobre todo no les agrada, dicen que trabajo demasiado, pero no puedo evitarlo, hasta cuando descanso no puedo evitar volar. Muchos también juran que empecé a estar más ocupado al término de una relación amorosa de esas realmente tormentosas, jamás he lamentado el terminar esa relación, solo lamento que hasta hoy no me haya enamorado nunca, a pesar de que me he preguntado miles de veces al ver pasar a alguien “¿y si es ella?”… pero nunca es. Certero es que cuando sí lo sea lo sabré.
En fin, sin tratar de pensar en otras cosas diremos que todo siguió normal, hasta que una noche después de llegar de un largo viaje y antes de irme a casa pase al baño del aeropuerto, el exclusivo para personal, no había nadie y lo único en lo que pensaba era en qué cenaría. Lavé mis manos y mi cara… mientras me secaba con un pedazo de papel escuché una voz femenina muy tenue que decía mi nombre, pensé que sería alguna de mis compañeras, pero al salir del baño no vi a nadie.
Ya en mi departamento cené lo que previamente había comprado de camino a casa, vi televisión un rato y después simplemente me fui a dormir. Al despertar tuve una sensación extraña, la sensación de haber vivido lo que acababa de soñar y sobre todo de recordar mi sueño como cuando niño… en ese momento casi al despertar sonó el teléfono y era mi madre, tal como el en sueño y dijo justo la primera frase de lo que en mi sueño había dicho… una fría sensación recorrió mi cuerpo, ¿había vuelto ese “poder”?. Pensé que sería por el cambio de horario, cansancio y miles hipótesis más para ignorar lo que pasó.
Debía de ir a arreglar unos asuntos al trabajo… quería descansar, tenía mucho que no tomaba vacaciones, así que no pudieron negármelas, y me autorizaron un mes, solo tenía que realizar un viaje y sería libre. Me sentía aventurero, tome las facilidades de descuentos en boletos y me fui a otro país, quería conocer, explorar, probar un poco de libertad. Por fin viajé y al salir del aeropuerto me invadió una sensación de familiaridad difícil de explicar.
Todo era espectacular. Abordé un taxi y de camino al hotel al pasar por unas calles sentí una especie de golpe, como cuando niño y de nuevo esa familiaridad y el escalofrío… cuando niño no sabía lo que era, pero ahora creo que le llaman Deja Vú, seguí escéptico, pero fueron varios lugares los que me provocaron esa sensación. Me sentí como un loco, pero tan libre. Que dulce sensación.
Me instalé rápido en mi habitación, no podía esperar más para conocer esa ciudad y al mismo tiempo buscaría algún lugar donde comer… me duché, me cambié y salí de ahí, mi hotel era muy céntrico, todo era maravilloso. Llegué a un pequeño restaurante donde comí delicioso después me fui a caminar por la ciudad. Placitas, construcciones antiguas, callecitas y callejones con casonas viejas, algunas ya eran comercios y otras seguían siendo casas habitación. Me sentía tan cómodo, como si antes hubiera estado ahí, pero nada me había sorprendido tanto como la sensación que me invadió cuando llegué a una de esas casonas, era como si supiera que iba a llegar ahí. Una chica iba saliendo y todo seguía siendo familiar, como si no supiera diferenciar entre realidad o sueño, o peor aún entre lo vivido y lo imaginado… Todo fue a más cuando la chica me miró con sus enormes ojos azules… y de nuevo esa sensación escalofriante, un extraño golpe de realidad que nos manda a blancos y nos deja ese extraño sabor en la boca de haber vivido algo ya. Se sostuvo de su puerta y con mirada de desconcierto me preguntó – ¿lo sentiste también? – sin duda… ella es, la que sí es.