20 junio 2009

MI CARRITO SANDGUICHERO: DI NO A LA PROYECCIÓN (Minerva P. Bañuelos Cárdenas)



Una noche anterior mi madre me había regañado. Esa tarde dormí como de costumbre mis cuatro horas después de la comida. Desperté un poco malhumorada, ya era tarde para salir en busca de la inspiración. En el celular había dos llamadas perdidas. Números desconocidos. Me cambié, y puse mi paraguas en la bolsa, previniendo que tal vez podría haber un viento frío más tarde. Los árboles se mecían al ritmo de un calentamiento aeróbico. En la parada del autobús estaba una mujer castigada por Dios, sí, era repugnante ver su rostro lleno de cicatrices y un bola gigantesca de grasa en la parte izquierda de su cara. Inevitablemente causaba asco, y, mi mirada, se desviaba en los destrozados adoquines. Tomamos la misma ruta. Para añadir la desgracia de su imagen, su cuerpo tenía proporción de dos bolas de nieve a punto de derretirse. Eso era la peor flacidez que nunca antes podría haberme imaginado. Apoyada con todas las fuerzas de sus brazos regordetes pudo subir al mundo del surf y de los olores. Ni siquiera mi espíritu escondido de altruismo se inmuto en ayudarla. Todos repudian su presencia. Un señor, por horror de estar cerca de ese castigo divino, le dejó el asiento. Llegué algo consternada a la conferencia, en mi mente surgían constantes preguntas que no conseguían respuestas ¿Cómo alguien se atrevía a salir a la calle en esas condiciones? ¿Qué hizo, para estar de esa manera tan desgarradora en este mundo? Olvidando la experiencia de esa fotografía real, seguí mi camino.
Ya era tarde, y no conseguí regresar nuevamente en el colectivo, en mi bolsa sólo estaban cincuenta pesos. Un taxi sería la perfecta solución después de ese descuido. ¿Hacía donde va? Me preguntó en tono indiferente el taxista. Al norte de la ciudad, calle Islas Ciclades 2460 Colonia Cruz del Norte, le conteste. Empezó a llover de una manera conspiradora para retrasar mi regreso a casa. Comencé recordar el rostro de aquella mujer del camión, y al pasar la Avenida del Sur estaba ella en una esquina. Probablemente también olvidó organizar su tiempo, y el poco dinero que se gana hoy en día, no creo que lo haya querido destinar para un taxi ¿Que iba a hacer? Me cuestioné por unos segundos. Casi aseguro que sus ojos alcanzaron a verme en esos segundos, cuando el taxista se paso el alto. A las 12 y media estaba en el la Cruz Negra, el taxista falleció, y yo creo que sólo estoy aquí para ser la pareja de la fealdad y desgracia humana de aquella mujer. Fue la última persona que vi antes de perder mis piernas. Como me hubiese gustado haber visto a mi novio, y no a esa horrorosa deformidad. Me recupere de las demás lesiones, mi piel esta tatuada de cicatrices, pero no creo que es justo decir que soy un milagro de aquel accidente .Causa y efecto. No juzgar, causa final. ¡Vaya leccioncita ! ¿Conque esa es la causa final Aristóteles?
Sentada junto con una taza de café y el monitor esperando trabajar en largas jornadas, me volví a quedar en el intento. No debí tomar café el doctor lo dijo muy claro. Y me puse a navegar por internet.
El sueño llegó como un invitado inesperado, pero hasta las seis de la mañana. Otra vez amanecería malhumorada para continuar la rutina.
Hoy no tome café, nuevamente no organicé mí tiempo, y a las 2:25 am la inspiración se refleja en este intento de cuento. A veces pienso que...
Sí, creo que Juan Jóse Arreola vendrá cuando finalmente coso mis ojos para dormir con hilo delgado y en ese momento ¡ Boom ! Me encajara profundamente el firme cuchillo en mi cuerpo regordete. Pues que se cree esta muchachita para desgraciar las letras ¡ Ajá ! ¡Ni llorar ni reír ! ¡Empieza a vender en tu carrito de sandguichero !
Jajajajaja, hasta crees que perdería tiempo en decir esto... Haber deja ver como le puedo acomodar.
Fin, no , no Fin.
¿Causa final?
PD. Boom Latinoamericano.
PD. ¿Por qué Cruz Verde o Roja y no negra?

Al filo del alba (Por: Marcela Davila)



3:33 am… De nuevo sus sentidos buscando cruzar la barrera del sueño para encontrar el descanso una vez más, sin poderlo conseguir. No era la primera vez en esa semana o inclusive en aquel mes, que amanecía al día siguiente, desconociendo la hora a la que había logrado reconciliar el sueño tras despertarse a la misma fracción de segundo madrugada tras madrugada, siempre con la imagen de un cuchillo en su mente.
En la habitación medio vacía, yacía dormida en la cama gemela, la compañera que compartía la mitad de los gastos del pequeño apartamento de estudiantes en el cual vivían. A través de la ventana, la lluvia levantaba una brisa que refrescaba su rostro cansado y algo perdido entre las luces que poblaban la calle desierta. Era en ese preciso instante, cuando a ella venía el recuerdo de los caminos andados y la ansiedad de un destino algo incierto, que no la dejaban dormir.
Ciertamente a cada mañana que precedía una de esas noches, le caracterizaba el olvido de lo ocurrido en las horas anteriores, excepto por el retrato fresco de ese cuchillo en su mente, el brillo de su acero bien templado y la imagen de unas manos que, tal cual una danza, rebanaban poco a poco el vacío. Y eran esas pequeñas lagunas y la imagen recurrente del filoso artefacto lo que la preocupaban profundamente, causándole más y más insomnio.
¿Sería todo aquello el simple arquetipo extraído de las viejas películas de horror, que le indicaba a su mente alguna clase de deseo homicida? ¿ Sería el incansable rechinido del ventilador girando en la pequeña habitación una y otra vez lo que la irritaba tanto como para despertar cada vez?
Cual fuera la respuesta, tenía que parar y pronto… Así llegaron muchas noches más, sus esfuerzos por mantenerse dormida eran inútiles y la visión del cuchillo era más viva cada mañana; inclusive se deshizo de todos los instrumentos filosos que encontró en casa ( muy a pesar de su compañera, que los requería para cocinar), hasta que en uno de sus desvelos no pudo más, bebió 5 tazas de café y encendió el televisor decidida a permanecer despierta en busca de alguna respuesta.
Cambiando inútilmente de canal en la mediocre televisión abierta que jamás encendía, se detuvo en un programa al azar, su mente le jugaba sucio, ya que proyectado en la pantalla, un sujeto altamente fornido hablaba dirigiéndose al público de aquellas horas : “ ¡Sí, le estoy hablando a usted! ¿Siente que algo le falta? ¿Permanece despierto durante horas cada noche sin razón? ¡Nosotros tenemos la solución! ¡Ganga de vidas, llame ahora y obtendrá una dosis extra de felicidad! Sólo tiene que marcar en este instante, ¡Nuestras operadoras lo están esperando!”
Ante el patético anuncio, ella comenzó a presionar frenéticamente los botones del control remoto hasta toparse con un nuevo infomercial: “ Señora: ¿ Está cansada de esos cuchillos viejos y sin filo? – Cuéntanos Jack, ¿Cómo funciona el super magic knife? – Es muy simple Linda, lo puedes hacer tú misma, cortar con estos cuchillos de acero inoxidable es casi como una danza …”
Ella se quedó profundamente dormida antes del término del programa, el despertador de su compañera sonaba repetidas veces y a través de la ventana, el alba se filtraba suavemente y se posaba sobre su cuello, dándole la bienvenida al amanecer…

INSOMNIO SOÑÁNDOTE (Por: Blanca Dayane Castro)

Una gota de sudor en el cuerpo, recorre la espalda… ¿porqué sudamos?... el verano trae dulces recuerdos como es tarde que pasamos juntos viendo las formas de las nubes que se movían con el viento. Quién lo diría que ha pasado un minuto de eternidad, la gota ha desaparecido y el refrigerador está vacío desde la semana pasada… pasada la sandía que vendían de oferta en un supermercado. Una canción ronda por la mente, sería buena idea pintar en el techo un mural para dejar volar la imaginación y no estar contando ovejas para obtener después un rancho ganadero y sin soñar, sin soñar con tu perfume, con lo saldo de tu piel. La cocina está desordenada y eso de no tener sueño no deja nada bueno. Un cuchillo me sirve para quitar la costra que se formó arriba de la rodilla, ese cuchillo tiene una forma extraña, me devuelve mi reflejo pálido y apunto de formarse ojeras.
Una gota más, la piel la deja recorrer sus senderos… ¿tendrá algún objetivo el sudor? Ha pasado otro minuto de eternidad, el sudor se siente frío, frío desde el corazón que te extraña, tu nombre ahora brinca con cada oveja que pasa a formar parte del rancho de la mente despierta. Últimamente causas sobresaltos en las noches, los trabajos que hago están impregnados de ti con la esperanza de que el insomnio te traiga de vuelta hasta donde moran los sueños y quebrantos del corazón

Martina (Jonathan Mata)

No le gustan las noches sin insomnio porque tiene pesadillas. Cuando era pequeña su madre la encerraba sola en el sótano para que pensara bien las cosas antes de volver a preguntar por su padre delante de ajenos, y como se llevaba la bombilla, Martina se quedaba a oscuras con su imaginación.

El padre de Martina salió a trabajar y no ha vuelto hasta hoy, ella tiene ahora 40 años y su madre 68, la mujer quedo ciega en un accidente domestico.

Martina sale cada día intentando robar algo del mercado, así mantiene activa su mente por las noches, hace toda clase de estrategias por si la policía la busca, o piensa simplemente que habría hecho otra persona con aquella naranja que ella había robado para luego dejar en el asiento del autobús. Martina es adicta al delito, lo peor es que hay días donde duerme como una reina, pero temer ver a su padre, aquel que en un sueño se confesara con ella y le contara que era asesino a sueldo. Martina no tiene mas remedio que tomar un cuchillo y salir a matar, cree que la mente criminal es una herencia inminente.

La madre de Martina apareció degollada un 7 de enero, hay una parte de venganza y otra parte de genética en ese hecho, pero por otra parte Martina nunca supo que su padre biológico era un hombre llamado Roberto, un sacerdote sin vocación de nariz ancha y moral confusa cuyo pecado fue absuelto inmediatamente por el mismísimo espíritu santo.

Martina pasa la noche en vela intranquila temiendo saber la verdad, lo que ella no sabe es que en unos momentos se va a resbalar en el baño y va a permanecer inconsciente unos minutos, donde sabrá toda la verdad.

CAMILA (Por:Magnolia Flores Tapia)





Creo que te amo más de lo que nunca imaginé. No voy a negar que estoy aterrado, pero al verte, al ver tu rostro… tan tranquila, con los ojitos cerraditos y descansando… me enamoro más de ti, te amo, te adoro como jamás creí adorar a alguien en este mundo.
Tuve miedo cuando pensé en todo lo que vendría, ¿y si no estaba listo?... pasé muchas noches en vela tratando de descifrar todo esto que estaba pasando… creo que en fondo desde hace mucho tiempo te deseaba, soñaba con tenerte pero a fin de cuentas no me lo esperaba.
Recuerdo cuando supe de ti… estaba cocinando, sí mi amor, yo estaba cocinando… no es mi especialidad supongo que te irás dando cuenta, pero ahí estaba… todo por ver una sonrisa. Cuchillo en mano picaba todos los ingredientes para su comida favorita… cuando llegó aún no terminaba. Ella me miró, se sentó en silencio… casi pasó una hora mirando hacía ningún lado, callada, y cuando por fin habló y dijo lo que pasaba casi me corto un dedo… se fue el hambre, se fue el sueño… pero a fin de cuentas fue maravilloso… eres maravillosa.
Es increíble velar tus sueños que siempre deben ser felices, siempre debes de sonreír, no quiero nada más para ti que felicidad… jamás olvidaré ese momento en que por fin te tuve entre mis brazos… cuando vi tus ojos, cuando me miraste… cuando tomaste mi mano… pude haber explotado de tanto amor… y valió la pena todo ese miedo, todo el dolor, toda la inseguridad porque ahora me siento pleno, ahora se lo que es la felicidad…
Camila me haces realmente feliz… no hay palabras para explicarlo… me haces pleno… te amo Camila, mi Camila… mi niña.


Marcus soltó la pluma con la que escribía en esa hoja de papel reciclado y siguió observando la cuna, en medio de toda esa obscuridad silenciosa iluminada solo por unas cuantas estrellas fluorescentes.

15 junio 2009

FRANK - (Por: Marcela Dávila)

Cada vez que Frank aparecía en escena, algo cambiaba…Era común que mientras su voz susurraba en mi oído las primeras palabras, el mundo diera giros extraños y el rumbo de mi destino transmutara en algo más, siempre en algo más...

Frank me recuerda a mis viejos, que ya se han ido; el sonido que sale de sus labios es el mismo que escuché en la compañía de ellos alguna vez y el tiempo continúa sin detenerse una sola vez, mientras mis pasos se pierden por la Avenida de la Vida. “Inolvidable”, dice Frank y sin reparos acepta ante mis ojos “llámame Irresponsable”. Frank anda conmigo por las calles de esta ciudad, es mi cita de las 10:00 y mi amigo de butaca mientras esperamos a que inicie la función en La Cineteca.

Dos zapatillas marcan sus pasos al son de un “clac, clac” que se pierde en el eco de una acera casi vacía, una que se mimetiza con las luces rojas que despide la cartelera cuando estamos por tomar una decisión tan difícil como la de los miércoles o con el resplandor del proyector que ilumina mi rostro y el de 30 espectadores más a 24 cuadros por segundo… “El Cartero Siempre Timbra Dos Veces”, pensaría Frank de este momento y quizás lanzaría una mirada de picardía que yo pretendería no adivinar, cuando la rubia en pantalla se contonea en sus tacos altos.

El estar frente a la gran pantalla me hace reflexionar sobre muchas cosas, la soledad, una de ellas, porque cuando nos encontramos frente a frente siento como si el mundo a mi alrededor desapareciera (Creo que Frank lo nota) y únicamente existiera lo que indefinidamente se repite a partir de la cinta que gira y gira desde la cabina de proyección. Cuando la función acaba, salgo del cine y busco mi camino a casa junto a Frank, que me habla sobre el amor, sobre los años pasados y los días venideros, de pronto... la batería de mi reproductor de mp3 se termina y la voz de Frank se apaga súbitamente; las calles vuelven a su forma silenciosa y mi acompañante se ha ido ya.

Cada vez que Frank Sinatra aparecía en la escena de mi vida, en sus discos y canciones, algo cambiaba... mi mundo daba giros extraños en la compañía de esa eterna Efigie descarada, que sin vergüenza se ríe y repite una vez más y solo para mí: “Call me...Irresponsible...”

10 junio 2009

EFIGIE: TIEMPOS DE JUVENTUD CON EL SEÑOR CONCIENCIA (Por: Minerva Bañuelos)


Me perdí, completamente, sí, no podía discernir mi estado de ánimo. Caminé varias horas entre los tapices grisáceos de la ciudad. No entendía ya nada. Esta casa no es mi casa, lo decía pensando en voz baja. Después de unas horas me encontré en la Union Station. Al sur, quería ir al sur, sentía miedo, ya no quería estar así, regresar al norte es enfrentar las consecuencias de tu decisiones. Y empezó de nuevo el señor a bombardear con la razón ¿Acaso sabes lo que es tomar una decisión?
Una lagrima escurría entre mi rostro, después se fueron multiplicando. ¿Correr? ¿Sería esa la solución? ¡Tú que sabes¡, ¡ Llama por teléfono¡, ¡Diles que no estas bien¡ ¡Que te envíen una carta¡, ¡ Que te devuelvan tu esencia¡, ¡Que te recuerden por que estas aquí¡, ¡Que penetren sus palabras en mí¡ Para que dejemos de juzgarnos, para que continúes en el camino. Diles que no lo sabías, que ya lo aprendiste, ¡díselos¡ ¡Los necesitamos¡
Atiborrada de la voz penetrante del señor conciencia, seguí corriendo, quería evadir la realidad. Estaba hastiada de caminar y correr como una perfecta loca. Tenía hambre. Entré a un pequeño restaurante, una mujer amable me encaminó a la última mesa del pasillo. Y solo dije: I want pepperoni pizza. ¿Entendería? ¿Pronuncié correcto? No, eso ya no importaba. A los pocos minutos me di cuenta de que estaba sentada, que logré llegar a un punto después de correr: de huir, de golpearme con la voz el señor, de estar refrescando a cada segundo mí cara con el acto que solo los humanos podemos hacer, llorar. A un lado estaba una consola musical tocando ópera ¿Ópera? Escuché el eco de voz del señor, ¡Tonta¡ ¡Es mañana de carnaval ¡ De que hablas ¡cállate¡, nuevamente me atormentas decía en voz alta.
Sorpresivamente aparece, alta, delgada, y sin otras características que pueda recordar, una amargada mesera. Dejó caer la redonda y gruesa figura del intento de pizza que un paisano había hecho para una paisana. Sí, eso era, él era yo. Eso había sido por nueve meses, casi en ese instante me encontraba, casi deducía el por qué de mi presencia allí, allí donde solamente los sueños se funden con la cotidianidad amarga, y si se lograra salir de ese abismo, ¿Seguiría allí? Sí, ya sé, lo he repetido tres veces en menos de cinco renglones, allí, ¿O me equivoco? Bueno, y les seguía contando, cuando ya estaba buscando respuestas se esfumó la voz prisionera de mi mente. Así que, comencé a comer la primera rebanada, pero después, percibí una luz irritante que salía del otro extremo de donde me encontraba. Escuché carcajadas lastimeras que ocultaban el sin sabor de la vida. Me dejé llevar por la soberbia curiosidad de mi naturaleza, y crucé entre las mesas vacías y manteles cuadrados, para saber quién fingía ser tan feliz. Entreabierta estaba la puerta, primero volteé de tras de mí para asegurarme de que nadie me viera. No había nadie, solamente una pintura mediana, colgada en la pared dividida en dos: el cielo y el infierno. Y a la mitad de de esa división, una escalera donde subían los que habían hecho el bien y otros intentando en los peldaños, resbalándose entre las flamantes llamas. Entre las luces rojas de ese cuarto percibí un sobre en el piso. ¡Ábrelo¡ me gritaba el señor otra vez había aparecido. Y decía:



Bien, ahora, ¿cuál es el motivo de tu intranquilidad? No escribes, no llamas, no dices no, nada, NADA, benditas naderías, no dices nada, no haces nada, estas debilitándote, date cuenta, ya no eres las misma aquí, estas aprendiendo, pero no lo ves. Aprovecha la oportunidad, ¿Que no es esto lo que querías?, no tengas miedo, no seas tan cruel, no juzgues tanto tu capacidad, esto es lento, pero seguro .Si crees que es lo que no querías, ¡ hazlo ya ¡, vuelve al sur y comienza el segundo plan. No llores más, no te martirices, si te equivocas sé que duele, pero se sigue adelante. Te amamos.

Salí de ese cuarto y posteriormente del restaurante, olvidé que tenía hambre, olvidé pagar lo que ordene, olvidé el nombre de ese lugar, pero no olvide llamar a mis padres, eso no me olvidé. Caricias, ¡Caricias emocionales señor¡ ¿Por qué no me las das ?

PD. No encuentro el segundo signo de exclamación, ¿No me encuentro a mí misma? Espera, creo que sí.

TIEMPO PERFECTO - (Por: Blanca Dayanne Castro)


Me sonreía desde el reflejo de un edificio, no sé como llegó hasta ahí esa mirada que siempre inspeccionaba el oeste de la ciudad pero inequívocamente atraía mi atención desde las 9 de la mañana. Abría mi persiana con el único propósito de grabarme en la mente su figura tan perfecta, tan equilibrada que me recordaban los años del renacimiento, donde todo se hacía perfecto dentro de un ambiente romántico y humanista.
Paulatinamente me enamoré de su sonrisa, pero seguía sin saber porqué cada que abría mi persiana veía su perfil, el mirar su atuendo me transporta a otra dimensión y entonces imagino que nos conocemos y sabemos nuestros nombres y nos besamos al atardecer bañándonos en las aguas de un insólito lago.
Un día me aventuré y pasé muy cerca de su lugar, mas no podía acercarme, mas sin embargo, ahora pude ver su cara, sus facciones inmutables y sus ojos que guardaban los secretos de hace más de 10 años. Quise decirle mi nombre, presentarme como es debido pero las palabras se atoraban en mi garganta, di un paso adelante y mis pies se tropezaron con una fuente provocándome una estrepitosa caída. Todos me miraban, me retiré antes de escuchar cualquier comentario grosero o burlesco, regresé a la privacidad de mi oficina donde de nuevo su perfil tan exótico invade mi vista, sin saber su nombre o su procedencia pero con la certeza de que estará ahí por otros 10 años mas.

EL PINTOR (por: Magnolia Flores Tapia)




Él, Javier. No salía mucho. Desde pequeño fue muy enfermizo y su madre muy sobre protectora. Muchas veces él se sentía dentro de una burbuja. Como si todo lo que estaba afuera de su alcance fuera parte de un escenario inventado por su imaginación.
Ella, Samantha. Era bailarina de ballet, bailar era su pasión. Y tenía talento pero su familia creía que de eso no se mantendría, a pesar de que ellos la iniciaron en esa disciplina. En algún momento realmente de eso vivía, ahora estaba lastimada y no podía bailar más, no profesionalmente. De algo había que vivir y consiguió trabajo en una galería de arte. Era una bella y estética recepcionista, digna de tan distinguida galería. Lo único malo es que la más de las veces resaltaba más que las mismas obras de arte ahí mostradas.
Javier desde niño supo que tenía un don. Sin tomar clases de ningún tipo sabía dibujar y colorear muy bien. Tenía sentido de la estética, de la perspectiva y de la combinación. Posteriormente fue tomando clases con maestros particulares que siempre admiraron su talento. A la fecha ya había expuesto en varios lugares. Exposiciones colectivas o en solitario, siempre vendía sus obras. Y era lo más cercano a sentirse vivo o más bien, lo más cercano a sentirse en el mundo real. Era todo un misterio para el mundo artístico local, nadie lo conocía.
Samantha amaba el arte de verdad, en todas sus expresiones. De vez en vez cuando no había tanto trabajo se permitía sumergirse en una obra. Una a una. Una cada día. ¿Su favorita?… una de la colección privada de la galería. Era una obra sencilla pero algo tenía de especial que la atraía. Su jefe, el dueño de la galería siempre reía cuando la veía tan entretenida mirando ese cuadro.
Era poco casi nulo el contacto que Javier tenía con el mundo exterior. Su madre acababa de fallecer. Por primera vez él se enfrentaba a su soledad y no le iba tan mal. Extrañaba a su madre, naturalmente, pero ahora también probaba la independencia. Ahora, tenía que cuidarse y atenderse solo… por primera vez saboreaba esa libertad que alguna vez pensó que solo era un sueño. Era una experiencia agridulce.
Ella era realmente hermosa. Alta y delgada, de formas discretas. Estética como toda buena bailarina de ballet que vive en ese mundo desde pequeña. Sus movimientos eran gráciles. Sus gestos al igual que sus rasgos eran finos. Sus ademanes y su voz eran sutiles. Sin duda una excelente “pieza” para esa galería. Su piel era blanca al igual que sus aperlados dientes resplandecientes sonrisa a sonrisa. Su cabello rizado y rojizo. Y sus cejas eran el marco perfecto para que esos preciosos ojos azules resaltaran sin pudor alguno.
Uno de esos primeros días de soledad Javier soñó algo que le pareció divino. No tenía problemas de dinero, comenzaba a salir… salía poco, sabía que no sería tan fácil insertarse al mundo pero lo intentaba y le maravillaba el aire del exterior, las personas comunes que le parecían todo menos eso, comunes. Salvo sus pequeños paseos él seguía con su rutina. A la misma hora de siempre durmió, pero está vez soñó… soñó con una hermosa criatura. Una chica, la más bella que jamás pensó que existiera. Vaya broma del destino, solo soñarla y destino cruel, ni siquiera lo dejo soñarla toda la noche. Despertó en la madrugada con el dulce sabor de tan agradable sueño. Estaba acalorado, se asomó un momento por la ventana y después intentó dormir de nuevo, al no poder pintó…. pintó esa efigie del amor que acababa de nacer para el tras ser un tema en totalidad desdeñado.
Varios meses llevaba ya de trabajar en ese lugar cuando una nueva exposición llegó. Había alboroto en la galería. Solo lograba escuchar que el pintor era un misterio y que al parecer después de tanto tiempo estaría presente en una inauguración. Ella no comprendía del todo pero estaba intrigada. Días antes de la inauguración llegó la obra al lugar. Todo estaba listo para montar. Las pinturas estaban recién terminadas. Y la encargada de desempacarlas al abrir la primera se sorprendió y gritó – Mira Samantha, es idéntica a ti, ¿posaste para este retrato?.
Javier estaba nervioso, nunca antes había estado presente en una de las inauguraciones de sus exposiciones. No sabía por qué. Últimamente salía a dar muchos paseos, siempre con su material en mano para dibujar al carbón. Le parecía fantástico solo sentarse en algún lado a disfrutar el clima, a ver la gente pasar, a captar algún rostro de su vista a su memoria y al papel.
Uno a uno los cuadros que fueron desenvolviendo eran retratos se Samantha, al parecer, en diferentes técnicas. Ella no comprendía como, no conocía al pintor de dicha obra y en determinado caso que lo conociera jamás había posado para nadie. Esto todavía la intrigó más, ¿quién la había pintado?, ¿dónde la había visto?, ¿por qué ella?. La curiosidad aumentaba, se sentía alagada, intrigada, y una leve sonrisita se quedó ahí tatuada en su rostro todo el día, ¿cuánto hacía que esa sonrisita no salía para quedarse en su rostro?.
Estaba nervioso y emocionado a la vez. Era una sensación extraña el ver a tanta gente reunida admirando sus cuadros y preguntando el precio. Siempre supo que se vendían bien, leía las críticas pero jamás le toco verlo en vivo. Se paseaba por entre la obra y la gente pasando totalmente desapercibido; pantalón de mezclilla, camiseta, saco casual; era uno más. Fue presentado ante los dueños de la galería pero con estricta discreción. Cuando se cansó de estar entre la multitud decidió salir a tomar un poco de aire a la calle antes de ser presentado ante el público si así lo decidía.
Samantha estaba encantada con esa primera inauguración a la que le tocaba asistir. Se veía realmente preciosa con ese vestido negro que había elegido para la ocasión, sobrio, elegante y perfecto para ella. Sus tacones, accesorios discretos y el cabello recogido la hacían ver increíblemente. Muchas personas se le acercaron a preguntarle si ella había posado o si era la de las pinturas, queriendo resolver así un poco del misterio del pintor. Al principio eso le halagaba, después la comenzó a hostigar, siempre las mismas preguntas y demás. Ella misma estaba inmersa en ese misterio, miraba a todas las personas tratando de averiguar si ahí estaba él, tratando de averiguar quién era, pero no hubo suerte. Salió un momento a la calle a tomar aire.
Era una avenida transitada, lo suficiente para ver pasar muy seguido las luces blancas y luego rojas de los carros. Ya estaba algo cansada y agobiada, por suerte la habían dejado tomarse unos instantes. Pensó que estaba sola en la acera, así que la presencia de una silueta de un hombre. Él también se sorprendió… pero al verla se quedó anonadado y se acercó poco a poco, a ella le daba la luz de la galería y cuando por fin estuvieron frente a frente Javier no podía creerlo; ella existía. Y Samantha lo supo, de inmediato lo supo… era él. Sus miradas se encontraron, sus preguntas se contestaron y en ese momento fueron solo ellos y las luces blancas y luego rojas de los carros.

Alarma (Jonathan Mata)

¿Quien disfruta estar en un sitio lleno de adictos, donde todo es ruido, humo y luces rojas que solo le hacen sentir a uno la muerte inminente?, ya veo que a ti te encanta. No se para que vas a esos lugares, dices que ahi se reune la gente de onda, pero te diré como lo veo, creo que a esos lugares va la gente que carece de afecto y busca a toda costa la aprobacion de tipos inconscientes que creen que dañarse los organos de a poco es lo maximo.

Te recuerdo una cosa, te quejas del mundo, que no te da empleo, que te discrimina, que te margina, pero llegas a la oficina oliendo a vomito y pidiendo irte pronto a casa para recuperarte de la noche que pasaste sin dormir, y cuando te niegan lo que pides solo dices, ese tiene algo en contra mia.

Vale vale, se que estoy sonando como tu padre, pero no es mas que la opinion de un tipo frustrado, me duele verte muerta, sinceramente me duele, pero no fui a tu funeral por una razon, la noche que saliste del bar mataste a una familia y te mataste a ti, pero tus amigos dicen que fuiste muy buena, tus padres que eras un ejemplo a seguir, y tus vecinos que eras una niña muy saludable, pero la verdad no mereces ni una lagrima, porque yo no tenia la culpa, yo solo pasaba por ahi..

31 mayo 2009

MIEDO, ¡HAS GANADO! (Por: Magnolia Flores Tapia)


No, en realidad nada te atemoriza. Sesiones de películas de terror a las 12 de la noche, idas al panteón en la más espectral oscuridad. Y ciertamente has visto más de los cadáveres promedio que la gente ve en su vida. Nada te quita el sueño o la tranquilidad. O bueno, casi nada, solo unos ojos grises te han robado el sueño, el hambre… el alma.
Transpiras de más a cada paso, el sol te abruma más de lo normal. Las manos te sudan y las ansias te corroen. Temes romper la rosa que traes en la mano. Es hora de ser sincero, ya son meses de estar a la deriva.
¿Y si dice que no?... ¿y si he confundido sus señales?... ¿y si se aleja?... mil preguntas sin respuesta rondan tu mente y paso a paso la boca se seca más. La garganta tiene muy poca saliva.
El aire comienza a faltarte… la taquicardia empieza, parece que el corazón saldrá de tu pecho… estás muy cerca de su casa… todo da vueltas, se torna borroso. Te detienes media calle antes de llegar hasta su puerta, te recargas en la pared y destruyes la rosa. Respiras profundo al fin. Miedo, una vez más… has ganado.

QUIERO AMARTE II (Por: Blanca Dayanne Castro)


Pensar que no existes en sus recuerdos, que los sueños y el destino formaron un juego para desatar tu locura.
Miedo a que no conozca las palabras que anidan en tu mente, ni los sentimientos que anidan en tus labios, tus manos están tristes por no poder tocarle y la razón de vivir se ha ido con la falta de su cuerpo… miedo de que el futuro sea un concepto sin dueño.
¿A qué extremo se ha llegado para destruir un sueño perfecto?
Miedo a susurrar su nombre, a vivir en un sueño que hace que la realidad se vuelva insoportable; ¿y si ya no es amor en qué se ha convertido el sentimiento?

30 mayo 2009

La honorable familia Ramírez (Jonathan Mata)

Ahora que lo menciona creo que mi temor viene de la infancia, cuando fuimos a comer a casa de Ramírez, el subordinado de mi padre. En aquel entonces yo tenía unos 9 años y recuerdo aquella familia como algo absolutamente kitsch, yo por supuesto hago conjeturas ahora mismo de que esa noche mi vida quedo marcada para siempre. Me sucede como a todos en alguna ocasión, ahora te das cuenta de que tus padres te mandaban cada semana a dormir a casa de tus primos para poder hacer el amor en paz, o que esas películas en el armario de tu padre eran pornografía, que tu tío Raúl no estaba de vacaciones en Vallarta sino que estaba preso por ladrón, y tu hamster no había muerto de tristeza, sino por envenenamiento intencional.

¿Qué como eran los Ramírez? Vivian en un complejo de casas, todas igualitas, con su jardincito y su coche aparcado en la entrada, el mas económico posible pero con aromatizante de pino. Eran una bonita familia, tenían 2 niños, Pablito y Marianita, los dos en el cuadro de honor claro está. Tenían una mascota, un french poodle, se llamaba “princesa”. Los domingos sin falta a la iglesia y a comer a casa de los padres de la esposa, Ramírez le hacia la pelota al suegro mientras hablaban de hazañas que nunca realizaron. Pero lo mejor era que al volver a casa, Pablito se sentaba a la izquierda y Marianita a la derecha, los pequeños Ramírez uno detrás del otro. Por supuesto no lo decían, pero ambos querían que Pablito siguiera los pasos del padre y Marianita encontrara a un hombre que al menos tuviera piscina en casa, de hecho en casa familiar de los padres de la esposa no había jardín, era el ciclo progresivo de la familia,. Creo que la mujer estaba esperando al tercer hijo, claro que Ramírez esperaba que fuera niño, y así poder seguir el ciclo de niño-niña-niño.

Carajo, ¿puedo abrir la ventana? De repente me sentí mareado. Creo que ahora Pablito, bueno, Pablo, está pagando su casa en el mismo coto y Mariana tiene una tienda de cositas hechas a mano. Mi padre me comentó unos años después que Ramírez renunció y firmó en otra compañía, yo sinceramente creo que se ahorcó.

21 mayo 2009

Vislumbro por Carlos Castro

Siento su miedo inundar de humo la habitación. Solo distingo sus siluetas, sombras de lo que quieren ser. ¿Estaré observando por la ventana del prejuicio? Merecen una oportunidad. Merezco una oportunidad.

Busco a alguien que me provoque una sonrisa sincera pero lo único que consigo es un malestar estomacal y una presión insoportable en las sienes.

Detesto sus melodías, su risa, su manera de menear el cuerpo. Detesto su comunicación.

Mi asco me provoca una fiebre. La fiebre me da frío.

Sus fragancias me revuelven el estómago. Vacío las fauces en el grotesco escote de una madame y me entrego a la comezón de una carcajada.

Hace frío. Dejo la fiesta. Me voy a cazar tibias pieles preciosas. A la semana provoco la extinción de toda una especie antes de conseguir algo de calor.

Decido mirar adentro. Aquí debe estar la podredumbre que deteriora mi visión del mundo. Pero solo encuentro excrementos de rata. Aquí solo hay un doloroso eco. Soy un hombre enfermo. Un hombre agotado de ser. Un ente enfermo de caminar en dos piernas.

Vuelvo a la fiesta con un regalo dentro de mí.

La orgía comienza.

Para vengarme penetro a sus mujeres. Una vez dentro les desgarro las entrañas mientras se retuercen de placer. Las inyecto con mi malestar. Les siembro hijos que al nacer les arrebatan la vida.

Su cuerpo me hacen salivar pero su alma me da asco.

Camino hacia ella con el miembro escurridiendo placer. Me inclino y le suspiro al oído un te detesto. Ella me devora. Consigo liberar en sus fauces el acido de mi pulso y segundos después se evapora su mandíbula dejando solo materia muerta y apestosa.

Han dejado de existir pero aun no lo saben. Tuvieron la oportunidad. Pudieron haber sido verdaderos dioses pero se conformaron con devorar su propia mierda.

Mañana lloraré arrepentido. Mañana aprenderé a amarlos. Pero jamás volverán. Me encargaré de que se olviden sus nombres y sus juegos.

Nuevos seres nacerán del aire. Capaces de volar y navegar entre las estrellas. Ya los empiezo a amar. Ya los extraño…

SONRISA - (Por: Marcela Dávila)


Utopía parece haberse definido como el sitio existente en el tiempo y el espacio, que resultará inalcanzable en la vida de un ser humano, por su acercamiento a la perfección.
Utopía es el paraíso que funge como el trozo de cielo que a los habitantes de este inframundo cotidiano no nos tocará probar jamás… salvo en aquellos días felices en los cuales las puertas de ese paraíso se abran por un instante y nos permitan probar un bocado del manjar que tras sumergirnos en el más secreto de lo placeres nos dejará caer inesperadamente, de regreso a la tierra, garantizando la contusión tremenda del choque de una nariz contra el suelo cubierto de polvo.
Todos los dilemas referentes a este término comenzaron a girar en mi mente, cuando al fin desperté esa mañana de mayo y miré la lluvia caer a través de la ventana, supe entonces que vivir es soñar, como el mismo Calderón de la Barca trató de plasmar metafóricamente en su obra “La vida es sueño” y cuando por fin me decidí a salir a la calle con mi impermeable rojo y las botas de hule azul, descubrí mientras caminaba por la acera, que algo… por no aventurarme a decir todo, había cambiado de una vez y para siempre durante la noche.
Y es que el portero que trabaja en el edificio en el que vivo estaba triste cuando me despedí de él por la mañana, y el sujeto que conducía el autobús que tuve a bien abordar más tarde, también lucía enojado y con un amargo sabor de una vida aburrida en los matices de su expresión corporal y entonces comprendí que la verdadera utopia de estos días difíciles de mayo del año 2009, es la recepción de una sonrisa sincera en una mañana como cualquier otra, en un día de la cotidianeidad.
La sonrisa; enigmático símbolo del rostro humano, llave de candados, prisiones y puertas con cerrojo. Amable compañera, cupón de descuentos, creadora de amistades, ruina de tontos, refugio de soñadores, perdición de enamorados, redentora de la paz.
Y es la sonrisa lo que menos cuesta y lo que más se puja en las subastas de este siglo, lo que más se codicia en las prisiones de oro y lo que más se anhela en las clínicas de belleza, portadora de salud y elíxir de la eterna juventud. Entonces descubrí la utopía, la supe oculta en el ser humano, guardada ahí sin costo alguno y sin embargo… nadie la encuentra, todos la piden, todos la tienen, nadie la sabe… porque nunca traiciona, pero cuando se inventó la idea de la utopía, todos necesitaban algo que buscar, tan preciado que no se sintieran capaces de tener, pero tan sencillo que nadie la pudiere encontrar…
¿Haz sonreído hoy?

20 mayo 2009

POR ESTE PAR DE NALGAS FLORECEN UTOPIAS EN CABEZAS SANTAS. (Por: La Minervaapatía - Minerva Bañuelos)


Ese día sucedió algo diferente, Sofía tomo su café por la mañana y prendió su delgado cigarrillo. Después de leer la sección internacional, un silencio se prolongó por unos minutos. Tal vez pensó que era el momento de mandar una carta a la editorial de aquél periódico que había leído por años. Emocionada empezó a redactar las siguientes líneas, esperanzada, tal vez, por la contestación que hiciera la editorial. Así pues, atreviéndose a conseguir su objetivo.
Hace 26 años, en una escuela del pequeño sur de Alemania, entre al salón de clase para presentar el primer examen del año escolar que allí viví. El maestro repartió las preguntas, bostezó y dijo ahora vengo voy a comer, si necesitan algo estoy en el piso de arriba. Y salió del salón cerrando tras de sí la puerta. Asombrada miré a mi alrededor: mis compañeros todos se concentraron en sus reactivos y se acomodaron para el largo ejercicio. Nadie habló, nadie miro a los lados, nadie pidió que le pasaran el examen. Cuando todo acabo, pregunté por qué nadie había copiado, y la respuesta fue unánime: ¿Estás loca? Me reviento la cabeza repasando el material, ¿Crees que luego voy a regalárselo algún huevón cuando a mí me costo tanto trabajo entenderlo?
Pues sí, .Cuando menos allá: acá, negarle el examen---o el moche, la coartada y la prebenda--- al vecino zángano equivale a traición a la patria.
El editor no tardó ni una semana, cuando consiguió una cita con Sofía, después supe que se casaron.
Fin
Eduardo quedó un poco consternado al terminar de leer el último capítulo de su novela, esa que había comprado de casualidad en la librería Pasado Eficaz.
Faltaban poco para su esperada boda, unos doce días, cuanto mucho. Por la tarde se cepilló los dientes y se miró atento al espejo: Hoy es el día, ya no puedo más, confesó ante su reflejo.
Pasó por su prometida en el eje central de la ciudad, fueron al parque más cercano. Sentados en una banca, Eduardo elocuente le decía a su amiga todo lo que en su mente pudo procesar, después de haber caminado por una hora sobre el asfalto: Imagina que universalmente se nos garantizará que al llegar virgen al matrimonio, nos convertiríamos en millonarios
(………………………………)
Súbitamente mi madre abrió la puerta del baño ¿Todavía sigues aquí? ¡Dame eso cochina¡ ya te dije que estos libros son satánicos ¡Dios mío, ayúdala porfavor¡
En lugar de sentirme avergonzada tuve el valor de verla a los ojos, como nunca antes había sucedido, cuando me pescaban leyendo esos excitantes libros prohibidos.
Tú dios infinito y lastimoso, a quién ninguna creación limita, a quien ninguna criatura adora, y quién nadie disculpa le deberías fotocopiar estas paginas. Y por último pregúntale, ¿Qué si nos matáramos todos inmediatamente, seguiría disfrutando de ver el aire en la inanidad de su mundo, que según el creó? Cierra la puerta, madre, que ahora quiero fumar mi cigarro de lechuga.

QUIERO AMARTE - (Por: Blanca Dayanne Castro)

Escucha su voz: ese tono con el que pronuncia la palabra “amor” y entonces quieres ser parte de su vida. Curiosamente se encuentran en un parque y apenas rozan sus manos, el atardecer los acompaña mientras en la conversación se hacen presentes las confesiones mutuas.
Siente su mirada: el tiempo te apremia para tocar sus labios, sentir su respiración en tus mejillas. Mientras van el carro una canción les hace salir de su silencio pero las palabras no son suficientes, una sonrisa, una mano en la cintura y la otra en el dorso de su espalda.
Toca su piel: un mapa infinito de sensaciones y líneas que descubrir y ahí quieres dejar tus manos explorando el territorio. Se desnudan mutuamente y el resto del mundo deja de existir, complementan su pasado, el sudor se confunde en las sábanas blancas recién planchadas.
Sus pasos van al mismo compás, las manos entrelazadas y yo me pregunto: ¿vivieron?... ¿felices?... ¿para siempre?...

La Ruta 700 (Jonathan Mata)

Estimado Sr. Guillermo Lombardo Gurruchaga

Motiva la presente mi disconformidad con el servicio de transporte público ante la incompetencia de sus operadores. Soy un hombre de 74 años que en este mundo solo tiene la afición por el ajedrez, tal vez eso le reste importancia a mi carta ya que probablemente este a punto de tirarla a la basura por su falta de humanismo.

El día 4 de Abril del presente año fui victima de la imprudencia del operador de la unidad 4825 de la ruta 700. A las 4 de la tarde aproximadamente intente bajar de dicho autobús, pero este nunca se detuvo por completo y caí al suelo, el autobús ni siquiera se detuvo por cortesía. A mi edad nunca he tenido un buen servicio de transporte publico, los operadores son groseros, los asientos preferenciales insuficientes y las unidades ni siquiera se detienen donde uno necesita subir o bajar. Tal vez usted no tome en cuenta la queja de un viejo, y asumo que no será la primera ni mucho menos la ultima, solo quiero que sepa que tengo la cadera rota y probablemente nunca mas tome un autobús, pero quiero tener la esperanza de que un día la gente deje de utilizar su automóvil para ir rodeada de extraños al trabajo, solo por la experiencia de estar con otros pasando la mañana y contemplando las calles del centro.

Estoy consciente de que usted no tiene el control sobre las decisiones de otros acerca de cómo transportarse, pero al menos podría intentar mejorarle la mañana a los que deben viajar en autobús, ya que por cada persona que viaje cómoda habrá un guardia de empresa al que le desearan los buenos días, imagine usted la cantidad de personas que recibirían a su vez una sonrisa del guardia de su lugar de trabajo.

Sin mas por el momento agradezco su atención, que tenga una buena tarde.

Atte. Sr. Guillermo Lombardo de la Barcena

UTOPÍA (Por: Magnolia Flores Tapia)




Invariablemente iba por la calle sonriendo. No importaba cuán malo hubiera sido el día ella siempre sonreía… hacía reír a sus vecinos, a sus compañeros de clase, a su familia. Su tenacidad y alegría eran inquebrantables.
Su mamá siempre dijo que era una niña como pocas. De sus hermanas y hermanos fue la más tranquila. Su papá decía que fue la única que los dejaba dormir toda la noche cuando era bebé e incluso tenían que despertarla para que comiera.
Años después fue una niña aplicada a la escuela. En secundaria sus calificaciones bajaron un poco pero su corazón creció, “siempre ayudando a todo el mundo” - solían decir sus profesores – y ella solo sonreía.
El bachillerato era lo que seguía y ella continuó con esos pasos, el corazón le creció más y en realidad pareció haber madurado en esas vacaciones que separan una etapa escolar de otra. Se veía incluso diferente, más radiante, con más actitud y sus ideales de siempre pero más fijos… ayudar a los demás… y repetía hasta el cansancio “si nosotros no empezamos por cambiar el mundo entonces ¿quién?”. Sí, siempre creyó que el mundo podría ser mejor. Creía que si todos hacíamos algo bueno cada día, en pocos años el mundo cambiaría.
Era una chica hermosa, era realmente bella. Su cabello lacio caía en cascada, sus ojos color miel le daban la dulzura justa a su mirada soñadora. Su voz era fuerte, contraste perfecto para toda su aura tranquila. Decía que era su arma perfecta.
Aquella tarde iba más feliz que nunca, representaría a su escuela en un debate público. Sí, se veía tan contenta cuando fue sorprendida por un desconocido. Después todo fue muy rápido. La ambulancia no llegó a tiempo.

12 mayo 2009

QUIMERA QUEBRANTADA - (Por: Minerva Bañuelos)




Un día, de esos típicos de un noviazgo del pueblo, Mario y yo salimos a platicar a la plaza. Lo acepto esa noche estaba realmente aburrida, ya imaginaba lo que íbamos hacer; comer un helado, platicar de las clases de la secundaria, observar a la otra parejita de pubertos echando pegue como decíamos aquí en el pueblo, y nada, simplemente platicar y darnos un beso esporádicamente. No podía más, todo, absolutamente todo era lo mismo, ¡maldito pueblo¡ lo maldecía una y otra vez. Sí una y otra vez.
-No sé como decirlo Ana, pero creo que te va gustar.
Imaginé de todo, desde una caja de chocolates hasta un oso de peluche con el corazón de un te amo, pero un dibujo de una estrella de cristal, ¡jamás¡ , que tontería. Sí, eso pensé cuando otra vez volvía a poner el dibujo dentro del sobre rojo. Sólo sonreí por compromiso y dije: gracias me gusto mucho.
A esa edad ya era una maldita interesada, pensaba que siempre me merecía lo mejor y Mario me decepcionó bastante con ese dizque regalo. Siempre me daba lo mejor y yo era una maldita presumida.
- ¡Que porquería¡, ¡cursilería barata¡ , voy a terminar mañana en la hora del recreo con él ,yo no merezco eso, pues que se cree.
Pasaron cuatro años y yo seguía igual de interesada, solo quería salir con los mejores chicos del pueblo. Cuando veía a Mario con otras chicas me daba una rabia tremenda, se había puesto tan guapo, indudablemente mejor que antes. Siempre recordaba de su último detalle y la manera tan insolente que lo terminé y pensé que nunca me iba a perdonar. Con el tiempo me di cuenta que fui una tonta, al dejar a un chico como era él, tan detallista y caballeroso.
12 de Agosto de 1980, saliendo de la preparatoria mis amigas y yo salimos del pueblo a dar la vuelta y tomar unos tragos, ya después solo me recuerdo en esta silla de ruedas, con los comentarios aislados que la gente dice, que yo, soy un milagro, pues todos murieron y yo fui la única en sobrevivir.
Cuando desperté y empecé a comenzar mi vida en casa de mis padres, los días transcurrían lentos como nunca imaginé, preferiría esas noches de helado y platicas de novios adolescentes. Estaba atada a una cama y después a esta silla de ruedas. No reconocía a nadie, ni siquiera lo hice cuando Antonio, quien fue mi novio antes del accidente venía por lastima a verme. Las tardes de Abril eran insoportablemente calurosas, me ponía a ver fotos, cartas, afuera del balcón como ejercicio para recordar todo lo que era, para recordar quienes eran.
Cuando abría el sobre que contenía el dibujo de Mario sentía unas inmensas ganas de llorar, pero no recordaba su rostro en ninguna fotografía y él en todo ese tiempo nunca fue a verme.
Esa tarde, mi madre sigilosamente entró a mí recamara y me entrego un sobre rosa y este decía:

Después de viajar por un tiempo alrededor del mundo, no puedo negar que aunque me hallas roto el corazón, siempre te ame y lo seguiré haciendo ¿Te quieres casar conmigo?
De primero no lo reconocí, pero ya con el tiempo me di cuenta de quien era, y veme ahora, nos amamos como nunca imagine.
Cuando tengo oportunidad de visitar a mi hermana siempre me repite estas pasadas líneas, me contengo las lágrimas de una manera impresionante. A veces, me distraigo cuando me trata de platicar, cepillo su cabello largo y observo su retrato de pequeña en el buró y regreso a la mitad de su quimera quebrantada.

11 mayo 2009

MIENTRAS EXISTA UNA CHISPA DE LUZ... HAY OPORTUNIDAD DE ALCANZAR EL TIEMPO (Por: Blanca Dayanne Castro)

“No te preocupes tanto, aunque crezcas puedes volver a imaginar, solo tienes que encontrar una estrella de cristal, que con sus rayos ilumine todas las posibilidades y entonces viene la parte difícil: dejar libre a la fantasía.
Los hombres cometen el error de dejar de soñar y su universo se vuelve tan vacío que es imposible siquiera tener un rayo de esperanza”

CIRCO - Por: Magnolia Flores Tapia



Estaba deprimida cuando regresé a ese lugar. Sería insensato dar una razón exacta el problema primordial es que estaba deprimida y antes de dejarme caer volví a ese lugar, a la casa de mi abuela materna, donde tantos y tantos días libres pase. Mi madre iba ahí cada que podía, cada día de descanso y todas las vacaciones. Era un pueblo pequeño y tranquilo, tenían una hermosa y amplia cabaña muy cercana a un bosque con un arroyito, esa precioso ese lugar, en cuanto llegué respiré el aire fresco y la tranquilidad. Mi abuela era irlandesa, llegó al país cuando era niña y es por eso que siempre ha tenido historias fantásticas que contarme, a veces caminábamos por el bosque y era más fácil imaginar a las hadas, duendes, gnomos, elfos y demás criaturas que protagonizaban sus historias.
Eran días encantadores, pasaba tiempo con los abuelos, dormía y comía muy bien, caminaba por e sobre todo por ese bosque tan maravilloso, leía algunos libros, dibujaba… en fin, todo era tranquilidad, iba mejorando, no del todo aún pero sentía que algo dentro mío iba cambiando poco a poco.
Fue una de las primeras noches de mi estancia en ese lugar que algo extraordinario sucedió. Me fui a dormir temprano, leí un poco y después apague la luz. Silencio total. Por la ventana estaba viendo las estrellas y la luna hasta que me quede dormida y empecé a soñar.
Iba caminando por el bosque iluminado solamente por la enorme luna llena, no tenía miedo, solo caminaba. Conforme más andaba se veía una luz, más bien un resplandor que después de unos cuantos pasos más vi que el resplandor provenía de un circo, grande y extraño… aunque muy colorido.
Me fui acercando poco a poco y lo que pude ver ahí no era un circo como todos, ni los espectadores eran como los conocemos, sino, todas esas criaturas que alguna vez me describió mi abuela en sus cuentos. Caminaba lento, mirando hacía todos lados, observando a mi alrededor, lo que se vendía, quienes paseaban y al parecer yo tampoco pasaba desapercibida, me miraba atentos, sin quitarme la vista de encima, era sorprendente y bochornoso a la vez.
Me dirigí a la puerta de entrada al circo, iba caminando entre toda la gente que también iba a entrar, la curiosidad me fue llevando y lo primero que pude ver adentro de esa carpa reluciente fue maravilloso, estaba entusiasmada, hacía tanto que algo no me causaba tal estupor del cual solo me sacó un apretón muy fuerte a mi brazo para evitar que siguiera caminando. Era un tipo alto, calvo y con una tupida barba roja. Me indicó de manera muy poco amable que no podía pasar y me aventó del brazo hacía afuera del lugar. Me quedé sorprendida y quieta, solo mirando. De pronto apareció un chico elegantemente vestido, sin duda pertenecía al espectáculo. Era alto, de cuerpo atlético, cabello negro y estrafalariamente peinado, un poco de maquillaje sobre su piel en extremo pálida y sus orejas eran puntiagudas.
El chico le dijo algo a quien me había sacado y después se dirigió a mí. Se disculpó amablemente y me ofreció su brazo para escoltarme adentro del lugar. Tomé su mano y en silencio me dejó en un lugar preferencial muy cerca de la pista y se fue. Era trapecista… parecía que volaba. Todo en esos actos era espectacular y fuera de este mundo. Todo era muy colorido, brillante, más que en ningún otro lugar. Además de que estaba lleno de seres fantásticos. Hermosas hadas, gnomos de grandes barbas, duendes graciosos y los olores que flotaban en el aire iban de lo dulce a lo floral.
Al terminar el acto y tras dar las gracias todos empezaron a salir, yo me quedé ahí esperando un poco y el mismo chico que me había permitido entrar llegó y me saludó. Estaba frente a mi… me enseñó sus manos vacías y con un gesto me indicó que esperara, ocultó atrás sus manos y ¡sorpresa! Una flor bellísima apareció ante mis ojos en sus manos… - también soy mago - me dijo mientras sonreía ante mi cara de asombro un tanto ruborizada.
Platicamos un rato, me dijo que su padre era el dueño y presentador del circo. Él prefería volar. Me habló también de todas esas maravillosas creaturas, comimos algunas golosinas deliciosas que jamás había probado antes. Me sentía como Alicia en el país de las maravillas, rodeada de cosas grandiosas, de colores, sabores y olores que jamás hubiera imaginado que existían.
El sol parecía que saldría y él debía retirarse, podía estar bajo la luz de día, pero era una creatura nocturna. Yo también debía regresar a casa, aunque todo fue tan relajante, maravilloso, sin igual. Él se paró frente a mi y me dijo – quiero darte algo antes de que te vayas - cerró su mano derecha y la otra la pasó por encima de está como dibujando un circulo en el aire y al abrirla una pequeñita estrella de cristal muy brillante apareció en su mano.
Se puso detrás de mí y con una cadenita que fue apareciendo poco a poco la sujeto a me la puso, era una estrella preciosa y una gargantilla hermosa y delicada la sujetaba de mi cuello. Al momento de despedirnos besó mi mano tiernamente y me llenó de algunas recomendaciones – hubiera preferido estar aquí siempre contigo, pero, vuelve cuando quieras, yo aquí te esperaré y no dudes en llamarme ante alguna necesidad, si vuelves solo di que me conoces y nada te pasará. No me olvides nunca por favor – Hizo una reverencia y yo levante mi mano para decir adiós. En ese momento un frío intenso recorrió mi cuerpo… la ventana estaba abierta, yo estaba en mi cama y… la estrella de cristal estaba colgada de mi cuello.

10 mayo 2009

Una ventana abierta (Jonathan Mata)

A mi fiesta de cumpleaños vino mucha gente, en su mayoría familiares y vecinos, ¿amigos? solo tengo una y por su puesto estuvo presente. Entre los regalos encontré un suéter, un par de bufandas, chocolates y un libro, pero el más especial venia de mi abuela aunque había muerto hacia 17 años. Mi madre tenia la tarea de darme una pequeña caja de madera en mi cumpleaños 18, mi abuela se la había entregado un día antes de ser llevada al hospital, de donde ya no salio, le dijo que se me la entregara justamente a los 18 porque hasta entonces podría comprender la trascendencia de su obsequio.

Abrí la cajita en presencia de todos los invitados, el regalo era una cadenita dorada con una estrella de cristal, debo confesar que quede decepcionada, esperaba algo… diferente. Mi madre me puso la cadenita en el cuello ante la mirada de todos, parecían incómodos por mi reacción negativa, yo intente seguir normal hasta terminada la reunión, sentía ganas de llorar, mas por la decepción que por lo emotivo, pero sostuve el llanto hasta estar sola en mi habitación. Al estar sentada en mi cama me arranqué del cuello la estrella y la arroje al suelo, me hubiera gustado pisotearla pero algo me lo impidió, un mareo, una presión en el pecho que me llevó a recostarme. Desperté a las 2 de la madrugada con mucha sed y a la orilla de mi cama estaba sentada una mujer, no sentí temor, era familiar, de inmediato supe que era mi abuela.

Me senté junto a ella y pude ver la estrella adornando su pecho, ella me miro y sonrió, yo me sentí realmente apenada por mi reacción hacia su regalo, y trate de evitar mirarlo más. Mi abuela se puso de pie y dijo – Alguien te quiere conocer. La puerta se abrió y ahí estaba un hombre, joven y apuesto, entró y dijo que no era posible ser tan joven y ya ser abuelo, y aunque tuve muchas ganas de abrazarlo no parecía posible hacerlo, Permanecí sentada escuchando a mis abuelos contarme la historia de su vida, supe que mi abuelo murió de 38 años en un accidente naval, mi madre se negó a contarme esa historia argumentando que era pequeña y no recordaba como había pasado.

A veces quisiera no haberme arrojado por la ventana de mi habitación al terminar la fiesta o haber recibido dinero en lugar de una maldita estrella de cristal.

01 mayo 2009

Desde Quito (Marcela Dávila)

Los días se habían ido rápido… desde su llegada a Quito no había dejado de buscar paisajes que le inspirasen nuevas y grandiosas fotografías que se dispondría a exponer a su regreso a Sidney, fecha que no se encontraba a más de un mes de distancia.
Habiendo transcurrido ya más tres meses, había logrado familiarizarse con el calor característico de la Amazonia y con los aromas provenientes de tan exuberante tierra lejana, aunque su dieta se había modificado considerablemente por los días que llevaba internada en la selva, en exclusiva compañía de un par de nativos a quienes había pagado para fungir como guías durante unas semanas, se sentía cada vez más atrapada por el universo en el cual se adentraba con cada paso y como si se tratase de un imán, era invadida por el deseo de continuar cada vez más adentro.
Las noches no eran más que proyecciones de un mundo al cual en su hogar jamás hubiera tenido acceso, allá lejos… en la bella Oceanía, la incógnita de un pensamiento se elevaba de vez en cuando en su nombre, y desde esas tierras, con destino al Ecuador presente para dirigirse a ella. Esporádicamente Alicia se levantaba con la ilusión de un pequeño silbido en su oído que surgía entre las 2 y las 3 de la madrugada.
Afortunadamente no existía nada que la calmase mejor que un té de raíces preparado por los nativos al cual ya había comenzado a crear cierta dependencia, sustituyendo su antigua taza nocturna de café por el pocillo hirviendo que llevaba en su interior la suculenta bebida tropical.
Una tarde en la que trataba de atrapar con la lente de su cámara el atardecer Amazónico perfecto, mientras navegaban en una pequeña balsa, comenzó a caer de los cielos cargados de nubes grises, una llovizna vespertina. Los nativos sugirieron a la joven detener la sesión fotográfica del día por el riesgo que podrían llegar a correr si la lluvia arreciaba.
Convencida de que el peligro que le planteaban no era real , decidió seguir dando marcha a la empresa mientras disparaba una y otra vez las tomas de lo que estaba convencida, representaría su gloria fotográfica y su mejor trabajo realizado jamás.
Inundada por los deseos de gloria y fama, se dejó arrastrar por aquel río insondable que pronto, y gracias a la lluvia, se había transformado en un salvaje terreno de cuyas garras no parecía haber salida. Los nativos luchaban incesantemente contra la corriente que era cada vez más veloz, y en sus intentos por dominar la dirección del bote motorizado, sólo obtenían adentrarse más en las ondas que iban y venían, movidas por el espesor de la corriente que no dejaba de crecer… en esos instantes, Alicia se supo llevada a la deriva por un monstruo que la sobrepasaba, una corriente en la que siempre había estado, pero a la que nunca creyó capaz de ejercer dominio sobre su persona.
El bote seguía descendiendo abruptamente por el río , cuando una roca colapsó con éste y se volcaron en lo que sin duda representaría el fin. Las imágenes del atardecer tomadas instantes atrás, se repetían una y otra vez en la mente de Alicia, que sin necesidad de esforzarse viajó por un segundo hacia ese pensamiento incógnito que de tanto en tanto la buscaba en la lejana y bella Australia a la que tanto quería y que sin duda extrañaría.
Las 3:23 de la madrugada… una suave brisa entraba por la ventana de la tienda de campaña y su frente sudaba intensamente, el calor era tal que parecía estar entrándole hasta los huesos. El bote se había ido, las olas también y su cámara yacía sobre su mochila en una esquina de la tienda de acampar… buscó con la mirada el termo que contenía la bebida de raíces, todo había sido una pesadilla… Poseída por la fiebre amarilla, Alicia tomaba el té preparado por los nativos, con la esperanza de que aquello fuere también un simple sueño como los que tenía cuando niña.
Esa noche su aliento se desprendió de ese cuerpo extendido bajo una tienda de campaña a mitad de la Amazonia y abandonó el Quito al cual había llegado meses atrás, para dirigirse a las playas de su hogar y dar el último adiós a un pensamiento procedente de su eterna Oceanía.

30 abril 2009

Víspera del cambio (Minerva Patricia Bañuelos Cárdenas)

Despertarme temprano no es el problema, sino que, es el vivir el día a día en el mendigo colectivo. Ya me tiene harto el andar surfeando en el camión, en medio de los olores matutinos que son más agradables que de los de la tarde. Siempre pienso que debería dejar la preparatoria y conseguirme un trabajo para comprarme un carro.
Una de esas mañanas no pude adormecerme en la ventanilla, por lo fuerte que hablaba un integrante, sí, de esos que pertenecen al colectivo del arte de pedir con lágrimas dinero. Ya sea para su hijo en el hospital o para medicamentos costosos. Es que si hubieses visto, sentía que a propósito subía el tono de voz y esas lágrimas tan sangronas me causaban náuseas. No me dejó dormir ni cinco minutos. Erguí mis hombros y noté en el pasajero de a lado, una cara cansada con discretas arrugas. A mí nunca me había interesado entablar conversación con nadie del transporte, pero ese viejo me intrigaba. Decidí romper el discurso agudo de la receta médica del suplicante, con una pregunta que aseguramos muchos hacer, pero pocos contestar. Y este fósil resulto diferente.
-Y usted ¿que hace en esta vida?
Me despierta la alarma a las siete de la mañana, me pongo apresuradamente mi uniforme monocromático y mis zapatos brillosos. Nunca olvido colocar mi gafete en la pequeña mochila, también coloco mis cigarrillos y mi celular, el ‘’ladrillo’’, que así han bautizado mis compañeros del trabajo. Eso sí, bien que me lo piden a cada rato para hacer llamadas, y eso que tienen celulares lujosos, como la mayoría, ¡claro! pero sin crédito. Una vez teniendo todo en orden, estoy en la parada del camión a las siete y media. Consigo siempre sentarme en la parte de atrás, para ver si, así, logro dormir unos minutos de más, pero es imposible. En cuanto el camión pasa dos cuadras se sube el primer ‘’canta gallo’’, uno de los treinta y no sé cuántos, que dizque nos hacen el transcurso más ameno. Y pues tengo que admitirlo, también cargo con una pequeña libreta, en la que, voy anotando las canciones que no he escuchado, para cuando sea el viernes vaya al tianguis a conseguirla en cd‘s. Pues sí te dije, ¿no?, que este celular no tiene para radio. Y sin querer así se me pasa el tiempo más rápido. A veces, se suben de esos de pedir con lágrimas dinero, ya sabes, para su enfermito. En ese momento hago la caridad del día, uno nunca sabe lo que pueda suceder. Hoy tenemos trabajo, al rato quién sabe. En cuanto llego registró mi tarjeta, en medio de los alborotados empleados que también ya van justo a tiempo.
Me coloco mis guantes y cubre bocas, sujeto el trapeador entre mis entrenadas manos, y sigo detrás de mi otra compañera que ya va barriendo el piso. Al medio día, me tomo una coquita bien helada para aguantar el resto de la jornada. Cuando se llega la hora de la comida, siempre me sirvo caldo de pollo, ese que hace mi amiga ,‘’ la Floris ‘’ ,una cocinera que no mas por que esta casada, sino, ya le hubiese propuesto matrimonio . Allí me veras, sentadito en mi respectivo comedor, no mas viendo de reojo a las exquisitas enfermeras con sus impecables uniformes. Y uno que otro doctor tratando de seducirlas. Ya a esas horas me da algo de alegría, pues segurito que el reloj va marcar las cuatro para regresar a la casa. Así es en la semana, pero ya en los fines , me pongo todo galante para irme a echar un bailongo al Trópico. Quien quite y por fin se estrena la cocina de mi casa, esa que con mis puntos acumulé en el Infonavit.

¡Nooooooo¡… desperté gritando . Me puse mis pantuflas y encendí la televisión de plasma. Después me dirigí al espejo del baño y en voz baja susurré a mí mismo : sólo fue una horrenda pesadilla Sebastián.,Las clases en la preparatoria empiezan en la tarde., el auto nuevo que te dio tu padre esta en la cochera, y ya se que estabas pensando dejar tus estudios por un tiempo para viajar al extranjero, pero me duele en la inteligencia que alguien crea que las pesadillas alteran algo para un cambio

EL PASILLO (Magnolia Flores Tapia)



No sabría decir cuándo sucedió, son de esas cosas que solo te van pasando, pero, cuando te das cuenta simplemente ya no puedes parar. Mentiría si diera una fecha o un hecho exacto, pero el más claro en mi mente fue el divorcio de mis padres, quizás las cosas estaban mal desde antes pero yo solo recuerdo eso. Soy hija única y mi vida solía ser perfecta, acababa de cumplir quince años y de tener la fiesta perfecta de toda niña cuando ellos me lo dijeron, había problemas y se separarían… yo jamás los había oído discutir… cosa que cambió a partir de que lo hicieron sabes, era simplemente desgastante y más cuando los juicios iniciaron, y la pregunta eterna ¿con quién te quieres ir a vivir?... yo solo sentía que había vivido una farsa. Mis padres se ocupaban de sus cosas y yo de lo que podía. Parecía que era invisible y todo fue empeorando, no dormía mucho al principio y después solo quería dormir, no me daba hambre y prefería evitarlo.
Mi novio también terminó conmigo, se harto de mi aislamiento, de mi tristeza, de mi mal humor, era mucho para mí y fue mucho para él, un chico de 16 años. Sí, cambié mucho, yo era muy alegre y amable y todo fue radical… reía poco, era pedante y grosera; no comía, no salía y mis padres solo creían que era por la edad… debo admitir que tuve todos los regalos que quise, un coche entre ellos.
Un día discutí con mis amigos, solo por mi terquedad porque ellos siempre tuvieron la razón, por más seguro que me pareciera estar bajo mi cama tenía que salir de ahí… yo no lo comprendí y los corrí de mi casa… estaba sola, ahora sí estaba sola y no sabía ni como había llegado a ese momento, era increíble la desesperación que sentía, me sentía ahogar.
No sabía que hacer, y en ese momento me vi en el espejo… detesté la imagen, tenía quince años, estaba sola, tenía ojeras, estaba demacrada, tenía mucho que no me arreglaba… ¡me odie!… ¡me odie como nunca!, solo quería descansar y alejar esa imagen de mi vista, de mi memoria. Me sentía atrapada y cansada, muy cansada.
Debo confesarles que para estas alturas del relato yo… yo ya me había cortado un par de veces, era más fácil soportar un dolor físico que uno anímico y ya tenía cicatrices. A partir de este momento frente al espejo todo pasó muy rápido, todo son imágenes rápidas. Tomé la navaja que usaba normalmente e hice un corte rápido y lo más profundo que pude a mis muñecas para cortar mis venas, hice otro corte a la otra muñeca pero ya no fue tan preciso como el primero… fue una impresión enorme ver mi sangre correr pero no retrocedí solo me recosté sobre la cama, sentí frío y luego cerré los ojos y no recuerdo más… todo fue un sueño…
Me vi en un pasillo oscuro, el piso era a cuadros blancos y negros… en las paredes se veían cuadros, pinturas enmarcadas en bellos marcos dorados, pero las imágenes que se veían eran horrendas, grotescas, daban miedo y asco, rostros dolientes, desolación, tristeza… no podía ver nada más allá de los cuadros que se iban iluminando por donde yo pasaba y una pequeña luz al fondo de ese pasillo, la cual jamás se acercaba, siempre era igual de pequeña.
Comenzó a darme miedo por esas imágenes, cada vez eran más horribles, hasta que de pronto me comenzaron a ser familiares, eran mis miedos, mis tristezas y al final yo misma pálida y rodeada de sangre que escurría por mis venas, no pude más, quise salir de ahí y comencé a correr, quería llegar a la luz pero nunca podía acercarme ni siquiera un poco, estaba desesperada y empapada en llanto, las imágenes pasaban frente a mi rodeándome, jamás me golpeaban pero no se iban… hasta que topé en algo… un espejo… todos esos cuadros me rodearon flotando a mi alrededor y vi mi imagen, demacrada, triste, empapada en llanto, rodeada de cosas horrorosas, ni una sonrisa, ni una mano amiga, solo dolor, y empecé a pensar en lo bueno que había dejado… en ese instante yagas se abrieron en mis muñecas, la sangre empezó a correr a chorros, palidecía muy rápido y me comencé a debilitar en un instante, no podía seguir más tiempo ahí, como pude rompí ese espejo… la luz jamás se acercó y yo abrí los ojos en aquel cuarto de hospital, cansada, débil, con frío y ante los ojos llorosos de mi madre, el rostro preocupado de mi padre y la mirada de doctores y enfermeras… entonces fui libre y sonreí.

UltraDieu H510

Anoche soñé, me hablo Dios, en apariencia es muy distinto de lo que yo tenia pensado, era una gran araña mecánica con cabeza de muñeca vieja, y aunque tenia voz de robot, yo logre reconocerlo por la desesperación evidente en su mirada, le pedí permiso para hacerle una pregunta, el respondió con un lamento ultratecnologico que si, pero solo podía hacer una, una sola pregunta. Y ahí estaba yo frente a Él con la responsabilidad de toda una raza sobre mis hombros, debía resolver con mi pregunta todas las dudas del hombre con respecto a la creación, la evolución y el Apocalipsis.

Lo primero que hice fue obtener una silla de madera y sentarme a contemplar sus patas de acero, eran realmente fuertes y brillantes, tanto que quise llorar. Todo en aquel sitio parecía muy tranquilo, no me atreví a preguntar donde estaba, temía echar a perder mi oportunidad cuestionando tal trivialidad, y aunque me miraba paciente, esperando mi pregunta, entre en pánico inmediatamente, ¿y si despertaba antes de preguntar? Por lo que avente una pregunta al aire, lo primero que me vino a la memoria, ¿Cuándo te volviste artificial?

SUBCONSCIENTE (Por: Blanca Dayane Castro)




Las luces de halógeno dieron directamente en mi cara, se escuchaba una música tétrica que venía del interior del vehículo, corrí sin rumbo, esquivando los árboles de un espeso bosque que dio paso a una iglesia del siglo XII. Los vitrales estaba iluminados por velas y los cánticos no alentaban mucho el ánimo, mi atuendo había cambiado ya no llevaba esos jeans desgastados que siempre uso, si no un vestido decorado con estrellas y lunas. De la iglesia salieron unos monjes sin rostro y escuché decir: “es una bruja, atrápenla”… yo corrí de nuevo pero el vestido se atoraba con las ramas que me encontraba y por mirar atrás caí en un precipicio y caía y seguía sin fin hasta encontrarme con un cielo de relojes que me avisaban que iba a llegar tarde, a dónde no sé, pero que era tarde y yo simplemente no podía despertar.
Siempre me despierto en la segunda ronda de la alarma de mi celular, hoy fue un día ajetreado y me dormí temprano… empecé soñando con relojes que daban la hora, subiendo por el cielo hasta llegar a un bosque donde escapaba de unos monjes que me acusaban de bruja, por fortuna me escondí en una iglesia del siglo XII pero tuve que salir al atardecer caminando por un bosque… de repente unas luces de halógeno hicieron que despertara.

La entrevista (Carlos Castro)

Pregunta: ¿Qué ocurre?
Respuesta: No lo sé, pero tengo miedo.
Pregunta: ¿Qué es eso que llevas ahí?
Respuesta: Mi medicina.
Pregunta: No. Me refiero a eso que llevas ahí.
Respuesta: ¿Por qué me mortificas?
Pregunta: ¿Por qué me mientes?
Respuesta: ¿Cómo te atreves?
Pregunta: ¿Aun me amas?
Respuesta: Al verte siento un dolor en el pecho.
Pregunta: Exactamente.
Permíteme besarte.
Respuesta: Pero primero recuéstate sobre mí.
Pregunta: ¿Qué es este ruido?
Respuesta: Lo he padecido desde niña. Dicen que mi tatarabuela también lo padecía.
Pregunta: Se está moviendo.
Respuesta: Es natural.
Pregunta: ¿pero por qué me aterra?
Respuesta: Amalo como a mí. Después de todo es parte de mí.
Pregunta: Me siento cansado. ¿Podemos dejar esto para después?
Respuesta: Sueña, tierno hombre.
Pregunta: Algún día seré grande y te construiré un castillo y te daré todo lo que desees.
Respuesta: Algún día...

20 abril 2009

Finca "Los 3 Sapos"


Miguel Esteban Zuloaga Ríos era el último habitante de la finca “Los 3 sapos”, nunca supo a ciencia cierta porqué se llamaba así ese lugar, en realidad siempre lo odio, de hecho ni siquiera le gustaban los sapos.
Ahora a sus poco más de 20 años era el último descendiente de tan rico abolengo Zuloaga, al menos el único varón para desgracia de su familia pues se parecía muy pero muy poco a sus antecesores y lo único que tenía en común con su bisabuelo, abuelo y padre era el nombre “Miguel” y el apellido “Zuloaga”, para empezar él no había estudiado ni leyes, ni administración, él había estudiado un poco de arte y otro tanto más de idiomas, dominaba el inglés a la perfección, además sabía Italiano y alemán y estaba próximo a aprender portugués y francés, solo en cuanto lograra decidirse. A veces se decía a si mismo a modo de burla que estudiaba tantos idiomas por esa necesidad de entender a los demás y de entenderse a sí mismo. Algo de verdad habría en esa burla.
Ahora que se había quedado casi solo no sabía ni qué haría. Todos esperaban mucho de él, esperaban tanto… menos lo que él podía o quería dar. Así que, con el ánimo de aclarar su mente preparó su maleta y en el más absoluto silencio tomó sus ahorros y un poco de su herencia y se fue a París… no sabía francés aún, pero algo le llamaba de esa lejana tierra.
Llego un jueves por la tarde, fue un vuelo largo. Ubicó sus maletas y salió del aeropuerto… inmediatamente sintió el viento fresco en su cara que agitó su cabello y que olía a algo dulce… tal vez a libertad. Inundó sus pulmones con esa frescura.
Como pudo pidió un taxi e indicó el nombre del hotel en donde se hospedaría, quizás, después buscaría un departamento. Se instaló en el hotel haciendo un poco de su inglés para no darles más trabajo a las recepcionistas, juró que lo usaría solo lo indispensable. Oscureció pronto y el cansancio lo hizo dormir. Al día siguiente despertó descansado, maravillado y listo para recorrer la ciudad, se sentía como un niño en una juguetería.
Recorrió calles, restaurantes, plazas y casi al atardecer entró a un pequeño café justo frente a la Torre Eiffel, se sentía totalmente libre, como nunca. Ordenó algo para comer y beber y después se sumió observando a su alrededor, de pronto una melodía extremadamente bella lo sacó de su estupor y se quedó inmóvil, escuchando hasta que alguien tocó su hombro, era una de las meseras de ese café, una chica de cabello en extremo rubio, ojos azules, coleta de caballo y pecas en la cara.
Ella le tendió la mano, él se la dio y ella lo jaló para indicarle que se levantara al tiempo que le hacía una seña que se entendía como un “guarda silencio”, de pronto lo jaló al centro del lugar sin soltarlo de la mano colocó sus manos alrededor de Miguel y le indicó donde las pusiera él, e iniciaron a bailar. Él se dejó llevar, sintió la música, el fluir de la sangre de su compañera, e l viento que refrescaba el lugar y movía sus cabellos, y se olvido de la gente, se olvido de él y de todo.
Terminó la pieza musical, su compañera le agradeció con un gesto al que él respondió, después pagó lo que había ordenado y se fue caminando hasta su hotel que estaba muy cerca de ahí, aún se sentía en las nubes, su mente había quedado en blanco, había sido él, había probado la libertad a lo largo de una canción francesa. Caminaba con una sonrisa en los labios, disfrutando de la noche, del viento, del ruido y del haberse encontrado a sí mismo, lejos muy lejos de “Los 3 Sapos”.

NOTA SUICIDA DEL úLTIMO MONJE TIBETANO (Samsa)

23 de mayo de 2047
Asesinato

Tierra.
Cemento húmedo.
Panzas inflamadas de tres sapos con pelo.
Un pie.
Mi pie.
La caricia.
Su piel seca que se adhiere a la uña.
Un cachorro de algodón.
Olor a leche.
El cálido soporte de los senos de una madre.
Comezón en el paladar y la nuca.
Olor a vomito.
Azoto el piso con los tres sapos.
Chorros de pintura.
Grumos.
Olor a carne adobada.
El llanto de un pollo.
El llanto de tu madre.
Su cabeza rodando por una colina de piel de venado.

Solo.

Su caricia en la espina dorsal.
Un escalofrió.
La dichosa comezón.
Un gesto de paz.

Adiós…
Gracias.

3 SAPOS PARA LEONOR (Por: Blanca Dayane Castro)




- Esos 3 sapos tendrán que servir.
Dijo una voz anciana en tono de pesar.
Leonor nació literalmente en un día eclipsado, toda su familia cercana estaba viendo la televisión mientras ella luchaba por salir a conocer este mundo. Aún en pleno siglo XX la gente decía que Leonor estaba hechizada, pues entre otras cosas aprendió a hablar tarde y cuando lo hizo sus padres se cuestionaban de dónde sacaba tantas palabras extrañas, por ejemplo, a la edad de 4 años le dijo a su padre:
- Un neumático ha expulsado el aire de su interior
Sus padres aunque educados no repararon en el significado de la frase hasta que el dichoso automóvil empezó a ir mas despacio y a ladearse. Después de hablar aunque sea una frase Leonor callaba durante muchas horas, sus ojos vivarachos seguían las palabras de los demás.
Acudieron con muchos doctores pero ninguno encontró anomalías en ella, todo estaba perfecto y por si fuera poco su coeficiente intelectual estaba alto lo que descartaba una enfermedad mental.
Los años pasaron y Leonor se convertía en una hermosa adolescente, un día su mamá le preguntó si tenía novio a lo cual contestó:
- Este es un lapsus de mi vida de extrema importancia como para obtener esa clase de responsabilidades idealistas.
Su madre quedó pasmada y un miedo recorrió su cuerpo, no pensaba ni por un minuto tener una solterona en su casa. Empacó sus cosas junto con las de su hija, compró 2 boletos a un pueblo lejano y olvidado de la civilización. Hace casi 15 años que no regresaba a ese lugar pero lo veía como la única esperanza de que su hija regresara a la cordura.
Su abuela revisó a Leonor de pies a cabeza y la dejaron en el patio trasero para conversar en el comedor, la abuela sirvió 2 tazas de café y al fin dio una conclusión:
- Sabes hija, Leonor tiene demasiada percepción de este mundo. Si quieres que se le quite tendremos que hacer un ritual. Mira, yo no sé porqué bendita causa los sapos sirven para espantar demonios. Hay que conseguir 3: uno, para perder la inocencia, otro para que conozca las palabras vacías que ella nunca pronuncia y otro más para que deje de prestar atención a toda la información que sabe.
La anciana dio un sorbo al café.
- Esos 3 sapos tendrán que servir
Las dos observaron a Leonor mientras ella recitaba el nombre científico y las propiedades de cada planta que se encontraba en el patio.

Un lugar en Siberia (Jonathan Mata)

Voy a aprovechar que duermes para llevarte a 3 lugares que quiero que conozcas, se que estando despierta no accederías a mi deseo, por lo que no dispongo de mucho tiempo para preparar tu viaje.

Estamos en un sitio que tu ya conoces, es la casa donde diste tus primeros pasos, te traje aquí porque estas por dar tus primeros pasos de camino a un nuevo mundo. Frente a ti hay 3 sapos, en apariencia son iguales, pero nada es más erróneo. Quiero que al palmear mis manos despiertes dentro de ti, ya que físicamente no es posible, que te acerques al primer sapo y metas la cabeza dentro de su boca, probablemente no notaras ningún cambio, al menos en la materia, pero sentirás un calor especial, un calor que solo te brindó el vientre materno, lo que escuchas no son los latidos del sapo, son los latidos del corazón de tu madre, no puedo pedirte ausencia de conciencia, no te engañaré, puedes sentir odio al escuchar el latir incesante, pero mira bien a tu alrededor, mas tarde necesitaras recordarlo todo. Saca la cabeza.

Ahora que reviviste una atmósfera que tal vez no recordabas, es hora de pasar al segundo sapo, el proceso es el mismo. A diferencia del primero, vives una experiencia de colores, sensaciones y novedades, mira todo bien porque cambiara antes de que saques la cabeza. Tus sentidos se atrofian casi de inmediato, los colores se opacan y sientes el aliento nauseabundo del sapo, es exactamente el mismo sitio, el lugar está intacto, pero tu cambiaste tu manera de verlo, es culpa tuya sentir repulsión por este espacio que temporalmente habitas, quisiera decirte que antes de que salgas de ahí todo cambiará, pero no es verdad, si es posible hacerlo cambiar, pero tu eres incapaz. No te voy a decir cuando salir de ahí, eso será un proceso natural, propio de quien lo experimenta.

Muy bien, ahora que no resistes mas es hora de ver algo que no conoces, entra en el tercer sapo, te diré algo, este ultimo sitio es metafísico, pero le daré una forma familiar para ti, te dará la sensación de estar en Siberia, cada quien experimenta una forma distinta, te repito, no es real, este sitio es distinto a los dos anteriores, porque estarás aquí el resto de tu existencia, espero que hayas observado con detenimiento los otros dos estados, porque estas en tu memoria y para subsistir aquí solo te podrás valer de lo que hay en ella.

Como lo he hecho durante todo el proceso, seré sincero contigo, normalmente al momento de transmutar la materia, se le da a elegir a cada quien el sitio donde quiere permanecer para siempre, pero en tu caso no será posible, porque despreciaste tu origen y deformaste ese paraíso a tu propia conveniencia, así que lamentablemente solo te quedará el ultimo sapo, el mas grande, frío y ajeno, el sitio de tu memoria, ahí podrás dibujar todos tus recuerdos en la nieve, puedes dibujar tus malos actos y observarlos, pero lamentablemente aunque borres tu dibujo, no podrás borrar tu recuerdo, te recomiendo un ejercicio, dibuja tu vida y luego busca el momento justo que te condenó a Siberia, cuando lo encuentres te darás cuenta del precio que pusiste a tu eternidad, no te ayudará a salir de ahí, pero a veces es bueno encontrar el punto exacto de donde zarpa nuestra miseria.

Me despido querida Antonia agradeciéndote por ser tan accesible en esta experiencia nueva para ti, me alegra haber terminado justo a tiempo, aunque debo admitir que es una lastima que tu hija decidiera desconectarte.

10 abril 2009

Confesión de un hombre post moderno a unos tacones (Carlos Castro)

Estoy incompleto. Desde la infancia algo me falta. En cada respirar se amplia más la caverna. En cada respirar se me va la fe. Con cada respirar muero. Llegará el día en que se extinga por completo y me quede como el capullo después de cumplir su labor. Un día seré un fósil. Solo pienso en ese momento, solo pienso en el final.

Desarrollé una coraza que disminuye el dolor. Una fe actuada. Una actuación que me ha galardonado con el respeto y admiración de quienes me rodean. Una actuación que me cataloga en sus mentes bajo la etiqueta de hombre perfecto, mientras que solo soy un acomplejado más del síndrome del niño perfecto. Soy, como diría Dostoyevsky: la criatura más capaz para la adaptación. El mejor actor. Mi pena es callar la verdad porque necesito de ese papel, de esta posición ante sus ojos. Porque me ayuda a dilatar mi pérdida. Me humaniza.

Pago esta farsa con la soledad.

Te tomo la mano y descubro que jamás me había sentido tan apartado de ti.

¡Oh, amiga escritura! Sin ti me intoxico. Sin ti vuelvo a ser el bulto.

09 abril 2009

Te quiero Benjamin (Jonathan Mata)

¿Sabes que Benjamín? Odio cuando mis padres se van de vacaciones, simplemente lo odio, no se si te ha pasado que cuando has convivido mucho tiempo con gente llega el punto en el que dices Si me quedo solo un día voy a andar desnudo por la casa, comeré en la sala viendo la televisión y pondré mi música lo mas fuerte posible para bailar con el maquillaje y los tacones de mi madre… Pero cuando realmente pasa no haces nada de eso, simplemente dejas ir el tiempo como cualquier otro día.

Mis padres se fueron hace 3 horas pero ya me siento solo, y estoy aturdido por el silencio, no es que no me sienta solo cuando ellos están, pero por lo menos los escucho andar por ahí, aunque todo estará bien mientras estés conmigo amigo mío.

Ayúdame a recordar, ¿hace cuanto que no tengo novia? ¿5 o 6 años? ¡Que jodido! No me gusta estar solo porque pienso en mi miseria, tengo 34 años y no tengo nada, ojalá hubiera sido mas valiente en la vida, al menos tendría sexo eventualmente sin necesidad de pagar por el, y lo peor es tener que pagarlo con dinero que me da mi padre. Tu sabes todo de mi Benjamín, no hay secretos entre nosotros, ¿crees que he hecho bien? Anda, dímelo, tu me conoces y sabes que no me molesta tu opinión, se lo que piensas, tal vez debí sufrir mas en la vida, a veces deseo las experiencias de los niños maltratados, siempre tienen algo que contar, pero que mas da.

¿Sabes que Benjamín? A veces quisiera nunca haberte conocido, eres el reflejo de mi pobreza y mi tristeza, hay ocasiones en las que te maldigo y te desprecio, pero sin embargo aun recurro a ti, como desde hace veintitantos años, pero tu no tienes la culpa, a fin de cuentas tu me has acompañado en este trayecto de insatisfacción, eres el testigo de mi descomposición, perdóname por lo que te dije, eres mi mejor amigo, eres lo mejor que me ha pasado en la vida, tan solo me molesta que no me hayas advertido el rumbo que me avecinaba, pero ¿como me lo vas a advertir si eres parte de mi mente?
si ni siquiera eres real. La vida es una mierda cuando se tiene que inventar a los amigos, la vida es mierda cuando se vive tan solo. Te quiero Benjamín, dame un abrazo por favor y perdóname otra vez, no era mi intención ofenderte.

LUCY (Por: Magnolia Flores Tapia)



Esa chica era algo especial, Lucy creo que era su verdadero nombre. Gustaba de inventarse nombres y acentos extranjeros, cosa que hacía bastante bien. No era de este país, pero tampoco podría decir de cuál era.
Era bastante alegre para estar… tan sola, tiene 5 años viviendo en este edificio, son los mismos que tenemos de conocerla y jamás hemos visto que vengan a visitarla, ningún hermano, hermana o padre, ningún familiar. Pocas veces ha salido de vacaciones. Por suerte tiene muchos amigos y constantemente nos dice que todos sus amigos somos su familia; esa familia de la que nunca habla, aunque un dejo de melancolía siempre está ahí cuando sale a colación el tema, pero calla, al final sonríe y ninguna palabra se escapó al respecto. Incluso, tampoco le hemos conocido novio alguno, en 5 años eso sí es increíble, es una chica realmente bonita, pero suele decir que no cualquier chico la merece que ella es especial y que merece a alguien igualmente especial, y cuando ese chico llegué ella inmediatamente lo sabrá y él inmediatamente la reconocerá, que ese era su don. Un don que parecía ser sacado de un cuento de hadas.
Vivía adorando el arte y siempre traía un libro entre las manos, a veces tenía la mala costumbre de caminar mientras leía o de leer mientras caminaba. Era realmente asombroso, era como si viviera entre el mundo real y un mundo fantástico. Ella era mesera, una de las mejores; amable, atenta y siempre sabía como comportarse con la gente (yo creo que era ese su verdadero don), callaba con quien huía del ruido y hablaba con quien huía del silencio.
Mi hija Samantha la adoraba y Lucy también quería mucho a Sam, decía que era su mejor amiga y seguido estaban juntas a pesar de la notoria diferencia de edad, mi hija tenía 13 años y Lucy 26, pero se llevaban tan bien que daba gusto verlas. Una tarde llegó Lucy y encontró a mi hija sentada en las escaleras inmediatas de salida de mi departamento, sin más, se sentó junto a ella y le dijo: Hoy venía a casa y me encontré con un cafecito pequeño, bastante agradable, algún día te llevaré, es que tiene una decoración divina, muy fantástica y… estaban tocando tango, que canciones más hermosas – dijo con un fino y fiel acento argentino aprendido quién sabe dónde, después se levantó y se fue, estaba como en las nubes.
Por ese entonces Patrick, otro joven extranjero, Irlandés, vivía ahí mismo en nuestro edificio, era músico, y uno muy talentoso tocaba a la perfección 3 instrumentos y de otros 2 tenía nociones, el que más le gustaba era el saxofón, tenía 30 años aproximadamente, él también estaba solo y constantemente - según le contó a mi esposo – cambiaba de lugar de vivienda, eran ya varios los países en su haber; Grecia, Italia, España, Francia, Argentina, Canadá. Vivía justo en el departamento frente al nuestro y aunque Lucy jamás lo notó, él quedó prendado de ella.
Esa noche Patrick salió a su balcón y tocó, primero algunas especies de tangos y otras melodías preciosas, unas conocidas y otras que parecían ser de autoría propia, de ese trotamundos como él solía llamarse. Él tocó esa noche y muchas más, no importaba el instrumento, siempre iniciaba con un tango.
Era un buen chico, su mirada era muy cálida, su trato era muy amable, su mirada era un poco triste pero sus ojos eran preciosos a juego con su piel y cabello. Trabajaba en un bar y a veces acompañaba a los músicos que ahí tocaban.
El universo conspira y junta a las personas adecuadas en el momento adecuado, es sorprendente como en un minuto por diversos motivos las personas coinciden y en un solo minuto cambia la vida y dos soledades se juntan para hacer una compañía.
Era extraño que Patrick saliera de su casa a esa hora de la mañana, él iba saliendo de su departamento, yo acababa de llegar de dejar a Samantha en la escuela y Lucy bajaba por las escaleras rumbo a su trabajo… y todo paso en cámara lenta, mi presencia fue la última en ser notada pues el movimiento para bajar el último escalón de la escalera se acompasó con el movimiento para cerrar la puerta y el justo girar para que Lucy y Patrick quedaran por primera vez frente a frente.

ECOS DEL TIEMPO (Por: Blanca Dayane Castro)




Tic, tac. Tic, tac. El reloj de la catedral marca el paso del tiempo. El aire de febrero recorre la casa con las puertas entreabiertas, los cuartos llenos de telarañas que ha acumulado el tiempo, pero ya es demasiado tarde para volver atrás. Un chorro de sangre cae lentamente, aquel era el último habitante originario de esa comarca y ahora estaba muerto.
El reloj de la campana marcó las seis de la tarde y el tañer de las campanas se perdió en los callejones. El eco de unos tacones resonó en la plaza, cruza observando el pueblo y se marcha de la ciudad.