01 marzo 2010

IGUAL . (Por: Magnolia Flores Tapia)


Se conocieron un verano que pasaron en el mar, él iba con sus amigos, ella con sus primas… estaban en uno de esos hoteles de 5 estrellas, todo incluido. El flechazo fue inmediato y unos cuantos años después tenían todo lo que suele atribuir la gente a una vida exitosa; una casa linda, coches bonitos, vacaciones una o dos veces al año en hoteles de lujo… aunque, todos sus días eran casi igual.
Despertaban a la misma hora, él se bañaba mientras ella preparaba café, jugo de naranja y revolvía unos huevos o tostaba unos panes para el desayuno de ambos. Desayunaban juntos pero no decían mucho, a veces leían, a veces veían TV, pero la mayoría de las veces solo callaban. La primera frase del día que salía de su boca era “llego pronto” y “que te vaya bien”. Después ella se arreglaba, ponía en orden la casa y se iba su oficina. Ella era diseñadora de interiores y él arquitecto.
Era raro que comieran juntos, aunque se veían en la tarde hasta en la noche, a la hora de la cena era cuando volvían a estar juntos. Resumían su día en unos cuantos minutos de platica, discutían algún tema en común que surgía efímeramente, solo se alargaba la conversación si se trataba de cuentas o compras. Después cada quien a lo suyo y a dormir.
Los fines de semana veían alguna película en casa o en el cine. En algunas ocasiones salían con amigos donde siempre eran (o aparentaban ser) la pareja perfecta, esas 3 eran sus actividades principales de cada fin de semana.
Cuando alguno de los dos salía de viaje ya no existían esas despedidas y bienvenidas efusivas y cariñosas en el aeropuerto. Ya no había detalles, quedaban pocas risas y esporádicos besos. Todo parecía dar igual.
Hasta que una mañana salió de la rutina, era de esos días que no había lectura ni TV, solo silencio, silencio que fue interrumpido por ella quien después de tomar un trago de jugo dijo pasivamente – creo que debemos separarnos. Él terminó de tomar un sorbo de su café, dejó la taza, observó su reloj, se puso el saco y dijo – eso mismo estaba pensando. Tomo su maletín y salió de la casa. Ella recogió los trastes y siguió con su rutina. No hubo lágrimas, lamentos o cosas similares. Todo siguió igual.

No hay comentarios:

Publicar un comentario